Galletas de la suerte
Cuando terminamos de comer, como en rito nos dispusimos a romper las galletas: "Tendrás buena suerte en el invierno próximo".
Me gustó la predicción... Me gustan los inviernos...
La parábola de los trabajadores de viñedo
1 "Sucede con el reino de los cielos como con el dueño de una finca, que salió muy de mañana a contratar trabajadores para su viñedo. 2 Se arregló con ellos para pagarles el salario de un día, y los mandó a trabajar a su viñedo. 3 Volvió a salir como a las nueve de la mañana, y vio a otros que estaban en la plaza desocupados. 4 Les dijo: 'Vayan también ustedes a trabajar a mi viñedo, y les daré lo que sea justo.' Y ellos fueron. 5 El dueño salió de nuevo a eso del mediodía, y otra vez a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. 6 Alrededor de las cinco de la tarde volvió a la plaza, y encontró en ella a otros que estaban desocupados. Les preguntó: '¿Por qué están ustedes aquí todo el día sin trabajar?' 7 Le contestaron: 'Porque nadie nos ha contratado.' Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a trabajar a mi viñedo.'
8 "Cuando llegó la noche, el dueño dijo al encargado del trabajo: 'Llama a los trabajadores, y págales comenzando por los últimos que entraron y terminando por los que entraron primero.' 9 Se presentaron, pues, los que habían entrado a trabajar alrededor de las cinco de la tarde, y cada uno recibió el salario completo de un día. 10 Después, cuando les tocó el turno a los que habían entrado primero, pensaron que iban a recibir más; pero cada uno de ellos recibió también el salario de un día. 11 Al cobrarlo, comenzaron a murmurar contra el dueño, 12 diciendo: 'Estos, que llegaron al final, trabajaron solamente una hora, y usted les ha pagado igual que a nosotros, que hemos aguantado el trabajo y el calor de todo el día.' 13 Pero el dueño contestó a uno de ellos: 'Amigo, no te estoy haciendo ninguna injusticia. ¿Acaso no te arreglaste conmigo por el salario de un día? 14 Pues toma tu paga y vete. Si yo quiero darle a este que entró a trabajar al final lo mismo que te doy a ti, 15 es porque tengo el derecho de hacer lo que quiera con mi dinero. ¿O es que te da envidia que yo sea bondadoso?'
16 "De modo que los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos."
Mateo 20 (Dios Habla Hoy)
29 de Marzo.
Al parecer de victima a victimario hay sólo un paso…
Mientras mi posición política vive una crisis, el tiempo y las ganas me faltan para pensar en los problemas del mundo, he intento empezar bien el año académico, llega de sopetón “El día del joven combatiente”. El lunes hubo disturbios en mi U y mientras yo vivía un recreo recorriendo la universidad de un extremo a otro, gracias a la distribución de las salas, soñando con un café, mis compañeros de otras carreras me saludan con un: “Está quedando la cagá afuera”, y tirada de una mano me llevan a los pastos centrales, recojo un flayer un tanto paranoico contra el TranSantiago y el sistema en general, me voy a clases zafándome del chisme, y tras quince minutos de clases me mandan a la casa.
Tras un Martes lluvioso y desabrigado, el miércoles, mientras vivía una ventana algo incomoda, veo salir desde los baños de Arte a los encapuchados, les digo a mis compañeros con un tono de marcha: “…Y va a quedar la cagá”. Eran más encapuchados de lo normal, unos cuarenta o cincuenta, más de lo que he visto en los dos años de ser alumna de esta controvertida universidad.
Busqué a otras compañeras, para avisarles y conseguirme una acompañante para el regreso al hogar.
Comencé durmiendo “El día del joven combatiente”, no busqué información sobre el tema como de costumbre, y me quede mirando la tele mientras unos niños vestidos de escolares destruían el centro. Me bajó el amor por los carabineros de la nación y me pregunté compulsivamente: “¿Qué onda? ¿Qué problemas psicológicos tienen estos niños? ¿Voy a tener a estos especimenes por alumnos?”, mientras me bajaba un extraño miedo al estómago y las posibilidades de buscar otro rumbo, más lucrativo y menos riesgoso, se paseaban por mi cabeza, llegué a la conclusión que el mundo me cambio a mí, en ves de yo al mundo, tal como lo predijo Mafalda, triste, pero cierto. Conclusión extraña en un lapso de mi mente exagerada.
Me cargan los desmanes, supongo que siempre me han cargado, aunque a veces los encuentros necesarios, al parecer si no hay destrucción, bulla, pataletas, los medios no se hacen presente, como que no hay comunicación en realidad, sólo un alguien hablándole a la pared. Pero las destrucciones del 29 no tienen mucha lógica, más que las descargas de algún histérico o el aprovechamiento de otro alguien con tendencias cleptómanas, vergonzoso. Además se mancha una fecha que pienso debería ser importante, llena de homenajes, eventos culturales y reflexión, por sobre todo reflexión, combatir es mucho más que arrojar una piedra, es tener un objetivo, claro y con argumentos, una causa por la cual luchar estando dispuesto a asumir las consecuencias, lo demás es cobardía.
Este 29 no fue honorable, ni para los hermanos Vergara, ni para nadie que haya muerto por una causa que consideró justa. No fue de combate, fue simplemente de vandalismo, deshonor y cobardía, de niños desesperados por atención y con ganas desenfrenadas de salir en la TV, de pirómanos y cleptómanos.
A veces las personas se convierten en sus enemigos, cometen las mismas acciones…
Al parecer de victima a victimario hay sólo un paso…
... Derrotas
¿Cómo se lidia con las derrotas?
Hoy amanecí con aquella incógnita en mi mente, con peso en mi alma y acentuadamente deprimida. Mire tele en exceso y comí más por ansiedad que por hambre, a instantes me odie y busque en mi mente alguna respuesta que tranquilizara mi angustia.
Comencé a leer libros releídos, y esa parte inocente, infantil, me decía que la respuesta está en seguir adelante: “algo importante aprendes de todo esto”, repetía. Luego le di una tregua a mi alma inquisitiva y abandoné por unos instantes mi misión; sin retomarla una historia de Coelho llegó a mis manos:
“Un hechicero africano conduce a su aprendiz por el bosque. Aunque más viejo, camina con agilidad, mientras que su aprendiz resbala y cae a cada momento. El aprendiz blasfema, se levanta, escupe el suelo traicionero, y sigue acompañando a su maestro.
Después de una larga caminata, llegan a un lugar sagrado. Sin parar, el hechicero da media vuelta y comienza el viaje de regreso.
-No me ha enseñado nada hoy –dice el aprendiz cayendo una ves más.
-Si que te he enseñado, pero parece que no aprendes –responde el hechicero-. Intento enseñarte cómo lidiar con los errores de la vida.
-¿Y cómo se lidia con ellos?
-Como deberías lidiar con tus caídas –responde el hechicero-. En vez de maldecir el lugar en el que caíste, deberías buscar aquello que te hizo resbalar.”
Antigua hipótesis
Hoy salí con una amiga, vi a un montón de escolares y me entró la más grande envidia, sobretodo cuando me toco presenciar a niños acompañados por sus madres; A veces recuerdo claramente mi época de pequeña colegiala, con los cachos y la permanente idea de jugar, bellos recuerdoa,igual no fue tan lindo, era una desadaptada empecinada, y aunque en los primeros años no me pesaba, luego si lo hizo.
Antes tenía la hipótesis que las personas, a medida que crecen, piensan que todo tiempo pasado fue mejor: “cuando yo era niña era más feliz”, recuerdan; “mi juventud fue alegre y adrenalinica, que la pase bien, me gustaría volver a esa edad”; “cuando era soltero no me estresaba tanto”; “cuando mi esposo vivía no estaba tan sola”… y así en quejas, como si la vida fuera empeorando. Quizá es así, pero supongo que también a medida que crecemos nuestra capacidad para ver el vaso medio vacío va aumentando.
Mi hipótesis apuntaba a que las personas simplemente no tenían memoria, y es que por más que se diga que las personas recordamos más lo malo que lo bueno, como que no se tiene la capacidad de recordar que en tiempos pasados también la pasamos mal y que salimos a flote, que el tropiezo de hoy no es el primero, ni el mortal, ni el último, es otro, uno nuevo y quizás más grande, que parece más grande porque se está viviendo en el ahora, ya las penas pasadas no nos pesan tanto porque están en el recuerdo, ya no raspan, por eso las de hoy parecen más grande, porque es hoy cuando hieren y parecen gigantes, pero estas penas también serán un recuerdo y cuando pasen los años nos referiremos, la mayoría de nosotros, a esta época como una de las buenas de la vida, porque justamente ya no la estamos viviendo.
En realidad está hipótesis mía ya no sé si la comparto, quizá se aplica a algunos casos, quería recordarla para ver si me espanto el pesimismo, aunque a veces la misma hipótesis parece pesimista. En realidad tenía conclusiones más positivas, que en este preciso momento no sé bien como explicar.
A veces la vida pesa, a veces el pasado pesa, las perdidas pesan, extraño ponerme uniforme, tener buenas notas, caminar al colegio, dar la hora en clases, el entrar siempre a la misma hora, estar siempre en la misma sala, el no estresarme tanto, en especial extraño a los amigos, esos que quedaron en el camino, que cambiaron, yo también lo hice, extraño a la leal compañera de banco que me acompañaba hasta a el baño, esa que presto el hombro cuando me entró el complejo de protagonista de novela rosa y derrame unas lágrimas por lo que aún me niego a llamar amor, extraño las simarras avisadas y el escaparme del colegio, extraño esa seguridad de pertenecer a la niñez, a los menores de edad, de que hasta las leyes te respalden que alguien tiene que responder por ti.
He perdido tanto, vivencias y por sobre todo personas…
Extraño tantas “cosas” que ya no están y ya no volverán, tantas que no alcanzo a nombrar y que en el momento en que estaban, existían, entre el espacio y el tiempo no vi, no valoré y me asusta la idea de pasármela así, añorando el pasado sin darme cuenta de lo que existe en este preciso momento.
"TRANSANTIAGO"
Hoy desperté a las 11.00 AM., gracias a la llamada telefónica de la mamá de una amiga que estaba alojando en mi casa, extrañadamente la señora me colgó, quizá gracias a la voz de bruja, asesina a sueldo con la que conteste. Cuando colgué me quede mirando el piso y mis pies descalzos, pensando en que quizá quien llamaba era aquel psicópata que a veces llama compulsivamente y me invita a hacer obscenidades, pensé en descolgar el teléfono, pero especulé que podía llamar dicha señora que se espantó con mi voz, al final ella volvió a llamar a los diez minutos y mi amiga se tuvo que ir (quizá pensó que con mi voz, era capaz de dañar a su hija).
Mi amiga es de Melipilla y esta fue la primera vez que vino a mi casa, así que la tuve que ir a dejar al Terminal, la pregunta era ¿Cómo llegamos hasta allá con la nueva forma de locomoción? La respuesta estaba en el “bello” mapa que mágicamente había llegado hasta mi patio.
Cuando me detuve a analizar dicha hoja inmensa llena de colores y rayas, mi espíritu positivo y defensivo que simpatizaba con aquel sistema, por el cual tanta controversia existe, se vio seriamente afectado, dañado. Descubrí que no todo era tan lindo.
Resulta señoras y señores que los recorridos son cortos y rectilíneos, las troncales van por las calles principales con pocos virajes y no cruzan Santiago, como algunas avezadas antiguas amarillas que por $380, lo llevaban a usted desde San Berdarno hasta las Condes. Además las locales se dan inmensas vueltas cerquita de donde usted vive, sin avanzar mucho, así que calculando, si usted tuviera que caminar 20 minutos para tomar el metro, a menos que tenga alguna lesión en las rodillas, camínelos, porque la micro colorida que pasará cerca de su casa se ira en zig-zag hasta el lugar de destino y se demorará más, además hace bien caminar.
Inferí, gracias a lo descubierto, que para llegar a los destinos tomaríamos más tiempo, y lo peor, para el golpeado bolsillo de la prole -que más que mal somos los que nos movemos en el transporte público- habría que hacer más transbordos, triste para cuando llueva y para cuando comiencen a cobrar por cambiarse de micro.
Así yo hoy, para llegar a “Estación central” tengo dos opciones: la primera, si tengo flojera y no quiero caminar, tomar una local y hacer un tipo de viaje intestinal y luego abordar dos troncales (o troncal y metro) y llegar a mi destino con un descalabro en mis bolsillos y un tantito de nauseas. La segunda opción, caminar hasta Santa Rosa y ahorrarme la local. Cuando hasta ayer, una bella micro amarilla (alguna ya estaban pintadas de otro color) apodada con el número 349 me llevaba desde la esquina de mi casa hasta la ya mencionada “Estación Central”.
¡Triste!
Eternidad
Hace un par de años me evangelicé, o algo parecido, comencé a asistir a una iglesia que se auto dominaba “Cristiana”, tenían pinta de evangélicos extremistas. A mi me bajo toda la pasión por la iglesia, creo que fue en cierta impuesto, yo intentaba sentir aquella devoción desbordante de mis compañeros de Fe y a veces la sentía. Llegué a imaginar que siempre pertenecería a aquella institución, me visualizaba encontrando el amor en aquella comunidad, casándome, teniendo hijos a los cuales inculcaría la Fe cristiana, y por fin anciana, yendo a la misma iglesia, con grandes amigos, hermanos unidos por Cristo. Eso no sucedió, y de alguna forma también lo deje de añorar, el cristianismo simplemente no va con migo.
Cuando tenía once o doce años dejé de comer carne, así de un día para otro deje de ingerir todo aquello que alguna vez hubiese caminado o volado. Pensaba que jamás lo haría, sería una vegetariana (naturista) de por vida. Y un día bajo las torturas de mi alma perdida, me pregunté para qué rayos lo hacía y luego de años sin probar el pollo, comí.
Frente a estos extraños ejemplos les diré que nada es eterno, hay una canción cebollera y lastimosa que lo entona y lamentablemente tiene razón; Pero a veces no hace falta que alguien muera para perderlo.
Lo peor de las perdidas es perder a personas, a veces ni siquiera se nota cuando nos vamos alejando, cuando la incomunicación se adueña de nosotros, cuando las llamadas por teléfono desaparecen y cuando por esas cosas de la vida te encuentras con ese alguien notas que es un desconocido, o a veces te das cuenta de la distancia e intentas eliminarla, pero no resulta; la frustración y la pena invade tu alma, como en una triste y lenta agonía.
Y a veces las perdidas son “a rompe y porrazo”, como diría mi santa madre, y la agonía ya no existe, sino que el golpe te llega de improviso y te quedas en el suelo tirado, analizando las heridas.
Me pregunto si la palabra “eternidad” sólo se creo para definir la existencia de Dios, porque al perecer nada más lo es y de Él hay muchos que dudan que exista, no es mi caso.
Al parecer ni los “para toda la vida”, existen.
IV. Para leer...
Hace un año tenía mucha pena, de esa clase que te hace pensar en dejar de sentir, en dejar de existir.
Hice un contrato con Dios, quizá una declaración jurada -sobre clases de documentos no sé mucho- el punto es que con papel y lápiz en mano y enunciando primero mis antecedentes personales le juré a Dios que en un plazo definido me suicidaría, a medio día y con tranquilizantes, le daba cuatro meses como plazo para hacerme cambiar de idea.
No sucedió lo que soñaba, lo que había perdido sin siquiera tenerlo no lo recuperé ni lo adquirí, los vacíos de mi alma no se llenaron con llegadas inesperadas ni milagros del tipo bíblico.
Supongo que la vida siguió su curso, un curso que me acercó a otros sueños, los que se estaban cumpliendo; y sabiendo que el plazo se cumplía pensaba en la vida, lo que dejaba al dejarla, en lo joven que estoy, en cuánto me queda por delante y en cuánto se puede vivir y hacer con todo ese tiempo: “Quizá me estoy concentrando en una parte muy pequeña”, pensé.
El mundo es grande y el universo aún más, hay demasiados sabores por probar y experiencias por vivir.
Existen los cambios.
¡Feliz Navida!!!
Hace casi dos años decidí no creer en la Biblia, fue una decisión difícil que me llevó años tomar (luego de varios intentos de ser parte de una comunidad cristiana o religión), sentía que eran tantas las contradicción, tantas las limitaciones que determiné creer en todo y en nada. Supongo que al final me construí una “Fe” paralela, una en que las grandes deidades de la historia y del planeta conviven.
En estos tiempos pienso en Dios, se supones que en Navidad celebramos un milagro, la llegada de Jesús quien dio su vida por la humanidad. Se supone que no creo en eso, ya no creo en la Biblia. Por lo mismo no puedo evitar hacerme un gran número de preguntas o quizás una, la que predomina ¿Qué es lo que estoy celebrando?
Cuando era niña en mi casa no celebrábamos la Navidad, mi mamá pertenecía a una religión donde este tipo de celebración era un evento pagano y por lo mismo prohibido, así que desde muy pequeña me estuvo vetado este acto de adornar la casa e intercambiar regalos, así que por estas fechas lo único que hacia era ver películas, me la pasaba frente a la TV mirando cómo otros seres eran felices, personas a las que se les concebían milagros de Navidad. De tanta reproducción de alguna forma se me impregnó el espíritu, el cuál no se destruyó ni por la omisión, ni por la fealdad.
Hace casi cuatro años en mi casa comenzamos a celebrar la Navidad, desde hace como ocho mi mamá comenzó a alejarse de aquella religión con la me críe y de a poco, en una metamorfosis lenta se convirtió en laica; la primera navidad fue sin árbol, con una cena improvisada y no recuerdo si hubo regalos, creo que yo cociné, supongo que algo no muy elaborado, estábamos pasando por una mala una época económica, estábamos mi hermana, el enano, mi mamá y yo.
Creo que en cierta forma los niños les dan un toque mágico a todo esto, el año pasado por el enano mi madre venció el miedo a la ira de Dios y se atrevió a comprar un árbol, lo adornamos y recolectamos regalos, vino mi papá, un amigo de la familia y quienes ya estábamos en esa primera improvisada Navidad.
Este año me gusta, con mi sobrino, el enano, quién tiene cuatro años -sí la misma cantidad de años que llevamos celebrando la navidad- adornamos el árbol hace como dos semana, luego de días de insistencia por su parte; de a poquito se ha ido llenando de regalos, cosa que sucede por primera vez en mi casa, y aún cuando suene algo materialista eso me emociona, por favor compréndanme, no es que sea yo banal e interesad, es sólo que es primera vez que espero con ansias la cero horas del día veinticinco, así como los niños, en una especie de retroceso para vivir lo negado.
Soy extremadamente escéptica y crédula a la vez, supongo que en cierta forma rara vez creo en el común de las cosas en las cuales la gente deposita su fe, pero a la vez como que invento en qué creer, cada cual necesita sus pilares, yo me sostengo en esas conclusiones extravagantes que construyo con lo observado…
¿Qué celebro en Navidad?
Supongo que hay mucha gente que ya se ha olvidado que celebra en esta fecha, y el icono de esta fiesta es un viejito pascuero (extrañamente llamado así) y no el nacimiento del salvador, así que en cuanto a eso no estoy tan perdida con respecto al resto; Pero esto va más allá…
¿Qué celebro en Navidad?
Supongo que el amor, usted dirá que me puse melosas, es la época.
Creo en Dios, en los milagros, en esos bellos detalles de la existencia que nos mantiene viviendo y con fuerzas.
Creo en Dios, no en ese que envío plagas para que todo el que no fuera judío se rindiera, sino en uno distinto, uno diverso y lleno amor, uno que inventa oportunidades para que las personas se sienten a la mesa a cenar algo rico y se demuestren el cariño que se tienen. Y ese para mí ya es un gran milagro.
¡ FELIZ NAVIDAD ! !
Y no olviden demostrar su cariño, de cualquier forma, un gesto, un abrazo…
Un pequeño en agonía
Hay un libro de Marcela Serrano: “Lo que está en mi corazón” en donde se narra un episodio que me llama mucho la atención, ahí está Camila, la protagonista, en Chiapas caminando hacía el lugar donde fue atropellada su nueva amiga, “Reina Isabel”, por estar involucrada en toda esa maraña política, social y humana de la revolución zapatista. Camila se encuentra cerca de un templo dedicado a San Cristóbal, ella agobiada por la pena se pregunta donde estaba el Santo mientras su amiga vivía un intento de asesinato. Recuerdo que mientras leía le contesté a aquella mujer agobiada, inventiva de Serrano-“en el intento”- le dije, ahí estaba la divinidad, haciendo que la mujer soportara aquel vehículo pasándole encima y concibiendo que justo una mujer viera el incidente para que aquellos quienes cometían el horrendo crimen huyeran, y llamara a una ambulancia. Camila contestó, de otra forma, adjudicándole al Santo algún tipo de ceguera y que por aquella ceguera no merecía ningún templo.
Ayer mientras lavaba la loza y escuchaba las noticias, me asaltó la misma pregunta que a Camila, en otro tono, involucrando a otra divinidad, a un Dios sin nombre; con las manos jabonosas me acerqué a la tele a escuchar una de las noticias que más me ha conmocionado: un pequeño llamado Igor murió abandonado en su hogar, sólo, bajo una cama y aferrado a un pedazo de pan.
Así murió un pequeño de un año y medio, en Iquique. La autopsia dice que el hambre, la sed y los problemas respiratorios que lo tenían afectado hace semanas terminaron con su vida. Un ataque de epilepsia mató a su madre el 29 de noviembre pasado en plena vía pública. Llegó como NN a la morgue y tras 15 días nadie se interesó en saber quién era. Nadie apuró trámites, nadie la reclamó. Por eso nadie supo tampoco que mientras Teresa Salazar era ingresada a una bóveda sin registro, su bebé moría de inanición y abandono. Varios vecinos escucharon al niño llorar por las noches desde el interior de la vivienda ubicada en Algarrobos 3848. Pero nadie hizo nada…
Luego salió la presidenta, no escuché muy bien lo que dijo, mi mente estaba ida, se notaba molesta y triste, fue lo que noté y como yo me sentía en ese instante “¿Dónde estaba Dios en ese momento?...” Cuando Igor moría lentamente…
Una respuesta irónica llego a mi cabeza, donde mismo está cuando las personas se vuelven monstruos y se asesinan a sangre fría, por mandato de otros o por algo tan estúpido como el dinero, donde está mientras niños mueren de hambre en otros países a la vista de un cielo lejano y a veces cercano, donde mismo está mientras el mundo se va a la mierda, por el escusado de un universo extenso y a veces maldito.
Me quede pensando en Igor, llorando, llorando y pidiendo auxilio en ese idioma de los que aún no dominan el habla, sin que nadie lo socorriera, me pregunto a dónde hemos llegado ¿Dónde estaba el resto de la familia? ¿Dónde estaba el papá, la abuela, las tías? ¿En qué estaban los vecinos que a pesar de oír su llanto no acudieron?
¿Dónde estaba Dios? Ya no está en el intento, ni en el casi, ni en último momento, algo malo paso, de esos “algos” horrendos, donde las palabras no logran describir lo horrible, lo cruel.
Siempre pienso en Dios y en cierta forma lo culpo, tengo una extraña política de no culpar, de intentar ver el problema desde la raíz, desde la esencia y en ese afán de ver a las personas como el producto de un trato social y a la sociedad como el producto de la historia y a la historia como el producto de la creación, no puedo evitar culpar al ser Supremo y sentirme mísera por ese acto, llena de miedo por el hecho de alguna forma retar al Todopoderoso.
Me descubro llena de miedos y el instinto le hace un corte a la mente, no pienses que es peligroso.
Entonces esa parte conciliadora que ha evitado que vea a Dios como un ser despreciable o que me vuelva atea, me dice que hay algo que no veo, que no tengo todas las respuestas, que Dios dio señales, le puso el llanto al pequeño, pero no fueron capaces de socorrerlo, esto te está enseñando Claudia, esto le debería enseñar a mucha gente a prestar la mano cuando se le solicita, esto no es culpa de Dios, es responsabilidad de un todo identificable, de un todo que tiene que aprender a decir nunca más, para que los errores de hoy no se vuelvan a repetir mañana.
...
A veces, aplasta...
A veces, ahoga...
Mafalda
Resulta que si uno no se apura en cambiar el mundo,
después es mundo el que lo cambia a uno.
- Quino.
¿Quién es más feliz?
A veces me desespera la idea que algo pase, el silencio, la quietud.
Cuando estoy mucho tiempo en mi casa comienza el proceso de la locura; las carencias me golpean el rostro y ese hoyo que tengo en el pecho se hace presente.
Creo que por eso no duro mucho de vacaciones, huyo, me escapo donde sea, a veces al mar, al campo, donde tías que sólo veo en verano y donde me aburro; Leo, leo, leo mucho, me devoro muchos libros en esos veranos de ocio, de escape.
Me pregunto sobre los fantasmas de otros seres, yo sé cuáles son los míos, a veces los nombro como “soledad”, a veces son más que eso, o no tienen nada que ver con esa palabra; un nudo en el tórax; sueños insistentes que rondan mi mente, que al verlos incumplidos se vuelven un castigo.
He leído tanta cosa pesimista, tanto que el mundo es una mierda, tanto que todo se va a acabar…
A veces observo a las personas, las interrogo de una forma sutil y a veces descarada. Llego a la conclusión que todos tienen fantasmas, a algunos se les nota más que a otros; Lo disfrazan mejor, o quizá no lo llevan tan en la espalda, pero igual los poseen, basta a veces con una palabra para que este fantasma se agigante, se fortifique y sea más notable.
Creo que todos tiene una forma de luchar con sus fantasmas; eso fantasmas que andan alrededor esperando un silencio para susurrar al oído algo que no se quiere oír…
También pienso en eso
¿Es más feliz alguien rubio o moreno?
¿Alguien que va mucho a fiestas o quien va mucho al cine?
¿Es más feliz quien come carne o quien gusta de los vegetales?
¿Es más feliz quien hace deporte o quien duerme hasta medio día?
¿Es más feliz quien besa en cada fiesta o quien sólo besa cuando se enamora?
¿Es más feliz quien tiene sexo o quien hace sólo el amor?
¿Es más feliz el que prefiere el morado o quien prefiere el verde?
A veces me enamoro de los fantasmas, como que nacen de los prejuicios, los propios y los de otros, en cierta son nuestros hijos, esos que nacen de la no aceptación, del creer que la situación del otro es mejor; del creer que el vecino con su mercedes se la está pasado mejor que el del cacharrito y ahí vamos deseando el mercedes, sin darnos cuenta que el cacharrito cumple la misma función, que a cambio de no ser tan TOP consume poco combustible y contamina menos. Y ahí va el fantasma susurrando al oído que no eres capaz de tener un mercedes…
Entupido ¿No?
Mujer...
Hace como un mes leí un artículo de fenocidio, no recuerdo las estadísticas, recuerdo las historias.
Hace tres días Leonor llego a mi casa con el miedo en la cara, yo estaba con una compañera hablando de trivialidades, perdiendo el tiempo en historias ya contadas.
Leonor me contó que había discutido con su conviviente, este en un acto cobarde y horrible había agarrado un cuchillo. Me mostró sus brazos con lesiones, pruebas de su intento de sobre vivencia, de un acto reflejo para protegerse la cara.
No supe bien que hacer, fantasmas de una época ya pasada volvieron, el cuerpo me comenzó a temblar, me quede en silencio un instante, le dije que por ningún motivo debía sentirse culpable, que nada en absoluto justificaba aquella agresión, que por ningún motivo podía volver con él; había pasado la barrera, el límite del respeto físico, no había vuelta atrás, así es la vida, iba a costar, pero con el tiempo se curan las heridas, ya vendrían nuevos amores.
Se quedo en mi casa, con la idea de comenzar otra vida, sin él.
Hoy ya no llegó a mi casa, se quedo con él, tengo rabia, de esa rabia que produce ulceras, de esa rabia que no puedo gritar porque es secreto, creo que por eso recurro a este espacio, bajo un nombre que ella jamás usa, sabiendo que muy pocos saben de este lugar.
No entiendo, tengo miedo que ella sea una más de las cifras que llenan las estadísticas del fenocidio en América Latina.
No entiendo.
Un algo oculto...

I
Imagine una isla, excelente clima, tierra fértil, aguas tranquilas donde tomar largos baños, un río de agua dulce, una laguna al interior; simplemente el paraíso.
Pero además de todas estas cualidades paradisíacas, la isla tiene algo muy especial, en este lugar sólo viven mujeres ¿Raro? Sí, es muy raro, y más raro aún si se toma en cuenta que estas bellas mujeres con tostada piel no tienen ni la menor idea que existen los hombres.
Sus vidas son distinta a el resto del mundo, saben que existe el universo, que este se formó quizá de la explosión de un cúmulo de energía, pero creen, es más tiene la certeza que el único pedazo de tierra habitable en el planeta es su isla, que los bebes provienen de una cueva cerca del volcán, que la vida se produce gracias a sus bailes organizados por la “bruja” de la tribu, que esa pequeña cicatriz que se forma en su abdomen cuando entran a la pubertad se crea por un viaje, en sueños, en la cueva, que se hace al más allá, como muestra del paso de la niñez a la adultez…
Muchas de ellas son felices, sabias, en ese pedazo de tierra reflexionan y descubren la belleza de estar vivas, muchas otras viven encantadas con las tareas diarias, viendo crecer a sus compañeras que nacen de la danza; Pero también existe las que por las tardes se sientan en la playa y miran el atardecer, se preguntan que habrá más allá, más allá de esas aguas, si la vida es sólo lo que ven en isla, si no será todo eso un experimento de un poco ético científico… Se preguntan si los dioses en los que le han enseñado a creer realmente existen. Algo falta, un algo inmenso, algo no encanja; un vacío en el pecho, un grito sordo desesperado, unapregunta en el aire…
Ella observa su cuerpo, menos tostado que el resto; los placeres que siente al recorrerlo. Acaricia su cicatriz, esa que todas llevan con orgullo, para ella es distinto, intuye que algo le quitaron, a veces piensa que es el simple echo de no querer crecer, pero su alma le está gritando algo, un algo inentendible; sabe que algo anda mal, que algo se esconde tras el sol, tras el bello paisaje… Sabe que hay algo más, algo a lo que no sabe nominar…
Algo así siento a veces, como si algo faltara, como si en la maraña que es la vida algo se ocultara…
Supongo que las limitaciones mentales, espirituales, cronológicas, sociales con las que vivimos nos hacen estar en una isla donde no está un “algo” desconocido, pero que existe.
Una postal...
“El rincón maulino”, José Caracci.
Existen episodios en la vida en que la luz se escapa, quedamos oscuros; a solas con nuestros propios seres. A veces esas épocas duran mucho, en donde el alma llora por las penas y se va entrenando para luchar en la “batalla” constante de la vida.
También existen estos otros episodios, donde el corazón reboza de alegría y las ganas de vivir “no te las quita nadie”.
Entonces, nos damos cuenta que ambos episodios están conectados, entrelazados; Que sin uno, no existe el otro.
Entonces: cuando tengas penita, siente harta pena, llora; Luego te ponte de pie, te lavas la cara, pateas la puerta (o lo que haya cerca) y le bailas a la luna y a las estrellas, te embrujas con la existencia y te acuerdas de los locos de la historia que la pasaron pésimo, pero que pasaron por la vida sintiéndola a concho.
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Esta es una postal que escribí hace mucho, para una amiga que estaba triste y la que deje de ver, creo que por eso no se la entregué; y ahí quedó en mi cajón lista para entregarme consuelo…
A veces cuando estoy triste leo lo que escribo; en mi cuaderno, cartas a Dios (registros de mi vida) o borradores de cartas a amigos, ensayos de un optimismo enorme.
Creo en lo que escribo, pero a veces se me olvida; Creo que la dicha está entrelazada con la pena y no sólo por una cuestión de comparación, va más allá de eso, es el armado de la vida; Como que para estar parado donde se está, todo lo sucedido juega un papel fundamental, y cuando se está feliz, si se pone un poco de atención al pasado, se puede notar que las penas ayudaron a llegar ahí.
Creo que hay que vivir a concho, no sólo en acción o proceder desenfrenado, como algunos lo intentan; va por el sentir, el no negarse a sentir, el no cuidarse a sentir; Yo creo que lo que nos diferencia de los seres inertes es justamente sentir, ese sentir en el pecho, que se aprieta, duele y reboza, el sentir de vivir…
PD: La postal original era una obra de Pedro Bernal Troncoso “Las alturas de Machu Pichu”
11 de Septiembre.


En la mañana, en la radio, hicieron una encuesta a las personas de entre quince y veinte y tantos años, la pregunta: ¿Qué once fue el que más lo marcó, el del “Chile” o el de “Estados Unidos”?
A mis adentros pensé: “Los gringos son tan ególatras que hasta nos roban la fecha en que se recuerda un acto ‘terorrista’ y llora a los muertos”. Pensamiento no muy elaborado.
Seguí cocinando el menjurje ultra vitamínico que fue mi almuerzo.
Escuche los comentarios de las personas; En la memoria estás más fresco el “11 de septiembre estadounidense”, ese que trasmitieron en directo desde la isla de Manhattan, ese donde millones de auditores vieron en directo a personas tirarse desde un edificio gigante y humeante; ese en que se pudo ver casi en el momento en que sucedía a un avión estrellarse en la torre compañera; ese en que se pudo ver en nuestras pantallas el horror en directo.
Claro paso después del “11 de septiembre chileno”, nuestro golpe de estado fue hace 33 años, ni yo, ni la gente encuestada había nacido. Lo de Manhattan fue hace cinco años, cuando yo tenía quince y de un plumazo se me quitaron las ganas de ser gringa. Sí cómo lo leyó, pasé gran parte de mi vida, infancia sobre todo, soñando que paseaba y vivía por esas bellas calles que mostraban en las películas; todo ese cuento de libertad y la tierra de las oportunidades me lo tragaba todito. Pero ese 11 de Septiembre algo pasó, el miedo a que me cayera un avión encima fue más grande que las ansias de pertenecer al país más “poderoso, bello y libre” del mundo, yaaa…
De ahí se agarró Bush para comenzar la guerra contra el terrorismo, sé que eso es cliché y todas esas teorías que hay sobre la guerra inventada para robar el oro negro, usted lo sabe, yo lo sé, lo sospechamos mejor dicho, nadie hace algo… Pero es para la risa que sea titulada “La guerra contra el terrorismo”, cuando 28 años antes, dicen las malas lenguas (o buenas, ahí usted pórgale el adjetivo que quiera); que el país donde la libertad es una estatua ayudó a que aquí ocurriera un acto terrorista.
Supongo que el “11 de Septiembre chileno” para algunos sólo es el sinónimo de cortes de luz, olor a neumático quemado, desmanes y el quedarse botado en la Alameda porque ya no pasan micros.
En mi casa cortan la luz, como año por medio, ahora anda un helicóptero y sólo se ve la luz de una que otra fogata; es como estar en la U, pero sin electricidad y sin tanta lacrimógena. Las manifestaciones me persiguen…
Al parecer el quitarle el “rojo” al 11 no sirvió de mucho; Supongo que Lagos pensó más en la economía que en los desmanes a la hora que se le ocurrió esa maravillosa idea. Si sale electo la próxima vez quizá le de por quitarle el feriado al dieciocho porque se deja de producir muchos días seguidos y la “caña” baja la productividad en los días posteriores; y dirá que es por no ser el aniversario de la independencia; entonces ahí el 70% de las personas que se habían intoxicado en nombre de la independencia se enterarán que el “hachazo” del día siguiente lo sufrieron sólo por la celebración de la primera junta nacional y que se quedarán sin lo uno no lo otro porque el 12 de febrero está muy cerca del día de los enamorados y doña Lucia se puede enojar si lo opacan, me estoy confundiendo parece…
Ahora no veré noticias, ni los desmanes, ni a los gringos. Sólo prenderé velas como poseída y mi pieza se llenará de olores dulces, y mientras siento culpa por esforzar mis ojos me maldeciré por no comprar una súper potente linterna o lámpara a baterías.
11 de Septiembre chileno…Aquí pasaron muchos horrores, no fueron televisados por antenas satelitales en vivo y en directo, pero pasaron, más en silencio, más en anonimato, más a escondidas, más largo, más lento, más parecido a la “ropa sucia se lava en casa”, más a oscuras.
Creo que deberíamos tener más memoria, copiarles a los gringos algo medianamente bueno que tienen que es el patriotismo y no la forma de vestirse, fumar o cantar…
Memoria, para no cometer los mismos errores, memoria para sujetarse de las buenas ideas y explotarlas, ¡Memoria señores! Para que “señores” que saben hasta cuando se mueve una hoja, no vuelvan a tener el poder.
…
PD: Escrito a la luz de varias velas, bajo el hechizo de la oscuridad, el pseudo silencio y el no tener ni TV ni PC.
Tipiado al día siguiente.
Números...

Se me secó el cerebro, no sé qué escribir. Quizá los números están haciendo estragos en mi cabeza y lo único que sea capaz de formular sean enunciados del tipo: “Si tiene cinco manzanas y se come dos, regala dos, a usted le regalan seis y debe a fuerza de la putrefacción botar tres ¿Cuántas manzanas le quedan?”, y cosas por el estilo, pero en algunas ocasiones con malas intenciones, o quizá buenas, y para llegar a la solución haya que hacer 12.000 pasos… Y no sólo sumar y restar.
Tengo vacaciones de Septiembre, eso se consigue cuando vas en una Universidad con memoria y en la que se manifiesta de una forma particular o común, dependiendo del punto por donde se le mire.
El miércoles hubo batalla, yo tenía presentación, una que estaba mal organizada, así que no me quejo, los encapuchados me salvaron de hacer el ridículo.
Es bien extraño, mientras yo estaba en prueba de física, ramo que hago por segunda vez, afuera estaba la “cagá”, cerca de Grecia. Fui hasta los pastos centrales; ahí también había algo, pero menos, mis compañeros estaban felices mirando, la Carla decía que quería sacar fotos, bombas de ruido, según el Mario disparos; “No si son disparos, yo cuando los escuché me imaginé con el balazo en la pierna, sangre; paralítico”, un “yaaaa…!!” colectivo. “Me quiero ir, me cargan ver cómo rompen los semáforos y después salir corriendo por las bombas”, nadie me pone atención hasta que la Andrea se apiada de mi cara y me acompaña a almorzar. Comemos mientras a unos 100 metros los encapuchados les tiran botellas incendiarias a los “señores carabineros”, Andrea me habla de algo importante, yo la escucho, se me olvida que si no suspenden las clases tengo que actuar de libertad y no he ensayado, olor a lacrimógena, llanto compulsivo, todos hacia Arte, la salida, luego a Irarrazabal…
Algo así pasa seguido. Quizá me cerebro se humedezca.