Carta y Violeta

Señor Piedrazo:

Hoy es el cumpleaños de Violeta Parra, cumpliría 100 años, me lo ha recordado harto Facebook y la radio.

Hay varias canciones de ella que me recuerdan a esa vez, hace años, que se me rompió el corazón; el señor Anki, supongo que fue mi primer amor, o algo así. Es extraño, lo quise mucho y me costó mucho “superarlo”, pero nunca le dije “te amo”, tampoco a ti, supongo que es porque me tomo muy seriamente ese vocablo, ese maldito vocablo diría la Violeta…

En realidad, no recuerdo mucho a Anki, sé que fue importante, tengo la idea que era un buen tipo, alguien con escrúpulos, alguien que me tuvo paciencia, que me demostró cariño y pasión… La Violeta me recuerda los tiempos en que lo lloré. Me dolió esa ruptura y no fue porque me proyectara con él, ni porque lo creyera mi propiedad, me dolió porque lo extrañaba inmensamente, extrañaba su compañía, lo que aprendía con él, su manera de seducirme, extrañaba verlo cocinar y el hecho que yo era más “sana” con él en mi existencia y la Violeta, Viola Violenta con su “run run se fue pal norte”, “el gavilán” y ese montón de canciones que le salían y salen desde las entrañas me hacían “canalizar” esa pena, me recuerdo cantando sus canciones, maldiciendo el vocablo amor con toda su porquería… Curiosa época.

Lo superé, como se supera todo o casi todo, que no es lo mismo, pero es como igual, supongo que fue el tiempo y que la vida siguió.

Es extraño, hay mucha gente, amigos, que creen que cuando finalmente saliste de mi vida yo sucumbí, que me partiste. Una amiga me llegó a decir que quizá yo soy ese tipo de mujer que no sabe “estar” si no es en una relación (algo que supongo le costó decirme, porque en “nuestro código de mujeres empoderadas e independientes ese es un gran insulto”); y yo pienso que quizá no sé “estar” no más y que quizá no se tiene porque saber, se “está” no más, sepamos o no.

Acabo de recordar que al señor Anki yo le decía que de seguro la Violeta no se había suicidado por amor como dice la leyenda, él me decía que sí: La Violeta se suicidó por amor… Yo creo que no, yo pienso que fue “de cansá”; Quizá nuestra querida Violeta no tenía la mejor de las saludes mentales, pero creo que lo que más “pesa” en esos momentos es el agotamiento, ver que por más que luchas, por más que construyes, la vida te golpea y te sigue doliendo el mundo… el cansancio es avasallador.

Me he ido por las ramas, lo sé, creo que el punto de esta carta que sé no leerás, es que esta vez, en todos estos meses que han pasado, no han habido canciones de Violeta Parra, no canté por el dolor, no canté maldiciendo el vocablo amor, no hubo canciones en el mundo con las que me sintiera identificada…

Querido Piedrazo, yo creo que te quería y mucho, quizá aún te quiera, yo soy así, quiero y quiero un montón, supongo que esa es mi fortaleza, me encariño de la gente, le regalo comida y las abrazo porque las quiero y me gusta ese sentimiento. Me gusta ver a la gente que quiero y que nos acompañemos; y vaya que tu y yo nos acompañamos…


Yo te quería y quizá todavía te quiera, pero nunca he cantado una canción de la Violeta o cualquier otra porque me hayas roto el corazón y creo mi querido “ex amor tortuoso” que eso significa mucho.

Chispazo de sabiduría



Últimamente ando más contenta, me llegan momentos de profunda paz y agradecimiento. Por ejemplo, el otro día venía del trabajo; una compañera se ofreció a acercarme, había dejado de llover hace poco y junto con otros compañeros conversábamos sobre el buen ambiente laboral que hay (debo admitir que mis intervenciones en la conversación fueron bien pocas, consecuencias de no ser tan sociable y porque estoy ahí desde marzo), entre la charla, el lindo paisaje después de llover y el cobijo que sentía en el auto, caí en cuenta que he tenido suerte, digamos que seguido he sentido orfandad, más antes que ahora, pero en ese instante tuve un chispazo de sabiduría y noté que la Vida (sí así con mayúscula) me ha llevado a lugares maravillosos donde conozco a gente maravillosa, me pasó cuando me cambié de escuela en primero medio y me hice amiga de personas que aún están, que han sido una gran compañía y un apoyo grandísimo; Como Karim con quien siempre tenemos maravillosas conversaciones y a ratos me hace parte de su familia sintiendo ese inmenso amor y cobijo que se siente en un hogar. También está Catalina, mi amiga gruñona, tiene una gran capacidad para hacer comentarios que descolocan, pero ha estado ahí en momentos que simplemente necesitaba de una compañía y eso se agradece.

Francamente he conocido a mucha gente maravillosa que formaron parte de mi vida por un tiempo o que aún permanecen, me pasó en la escuela, me pasó en la universidad, me pasó en los trabajos en donde más tiempo me he mantenido, me pasó en el grupo de meditación y me está pasando ahora en el trabajo “nuevo” donde estoy, el grupo es maravilloso, es muy humano y me ayuda a pensar que estudiar pedagogía no fue tan mala decisión como pensé por tanto tiempo. 

Hay tanta gente maravillosa que ha pasado o está en mi vida que si escribo de todas esta entrada tendría un record Guinness por extensión. Así que por ahora agradezco, y espero que esta visión no solo tenga que ver con los antidepresivos que estoy tomando desde hace un tiempo, sino también por algún tipo de crecimiento.

Estoy muy agradecida.
Gracias Vida.

El vacío es la forma y la forma es el vacío



Estimado señor V:

(Esta es una carta larga, así que vaya por un tesito).
El otro día cumplí 31, vino a verme mi hermana y mis sobrino, charlamos, nos reímos y sobre comimos en una modesta, pero muy cálida celebración.  También algunas amigas me escribieron afectuosos mensajes, sacando a relucir mis mejores aspectos, profundizando en las luchas y el camino espiritual, dándome fuerzas y diciendo que confían en mí, que me quieren mucho. Supongo que las amigas me miran con cariño y algo de indulgencia, porque no soy tan buena como me describieron ni me dedico tanto a la construcción espiritual, así que en cierta forma me sentí un poco “fraude” (quizá estoy siendo un poco dura con migo misma), de todas formas fue un día en que sentí el corazón llenito, es curioso, después de tanta agua pasada bajo el puente, me pregunto cómo antes no valoraba tanto como ahora el amor y el afecto que me rodea, hay gente maravillosa a mi alrededor, antes lo sabía y lo apreciaba, pero ahora es de una forma más profunda, me llena el corazón cuando lo pienso o lo contemplo.

Me acordé de usted y de la felicitación del año pasado, me acuerdo que cuando cumplí 30 vino mi hermana con mis sobrinos, antes de venir a mi casa me junté con una chica en el metro para que me vendiera una torta vegana, mientras la esperaba recibí su mensaje de felicitaciones, me sorprendió un poco, casi no hablábamos en esa época, lo agradecí y lo recibí con cariño, me quedé pensando en ese saludo mientras esperaba, tomando la precaución de no pasarme “rollos”. Por alguna extraña razón, quizá ego, esperaba un saludo de su parte este año, no lo pensé durante ese día, pero si antes y ahora.

Hace un tiempo me tuve que enfrentar a la oscuridad. Supongo que fue uno de esos golpes (acumulaciones) de la vida en que uno simplemente cae, se desploma; mientras estaba en ese estado, y tenía ganas inmensas de desaparecer, recordaba que han habido épocas en que me he sentido bien con la vida misma a pesar de las “incomodidades” (sospecho esos tiempos coinciden con los periodos que más me he dedicado a la construcción espiritual); tenía claro y aún lo tengo que no se trata de las circunstancias, sino de cómo somos nosotros, cómo nos construimos; se trata de “ponernos pantuflas y no esperar que el mundo esté alfombrado”. Entre toda esa pena y la oscuridad me acordaba de una frase que alguna vez usted publicó en su muro, decía que para alcanzar la luz, primero hay que enfrentar la propia oscuridad; me imaginaba haciendo eso, enfrentando la oscuridad; aunque quizá de una forma no muy heroica, ni fuerte, porque más me sentía como un ser sucumbido que cualquier otra cosa, pero me resguardé en la idea que quizá de todo eso saldría algo bueno, algo así como una Clo más paciente, más sabia, que se detuviera en ese movimiento de “inercia” en el que se había introducido de andar haciendo las cosas mal. Me dije este es el momento de detenerme, lamerme las heridas, pedir ayuda, refugiarme en los que me quieren y en lo que creo y he dejado tanto de lado.

Creo que continúo en el comienzo del camino, aunque bastante repuesta, ya no me siento como un ser un sucumbido, quizá un poco “coja”, pero que tiene  ganas de  avanzar y hacer de esa “cojera” un caminar con estilo (como alguna vez alguien me aconsejó)… Antes; hace años cuando me enfrenté a un golpe de aquellos de la vida y sentía que cojeaba, estaba enojada, detestaba la idea de tener que hacerle frente a la pobreza y a la orfandad; y me enrabiaba, entristecía y frustraba lo injusto que parecía todo; pero ahora mi mirada es más amable. Creo que no vale la pena quedarse en el enojo, centrarse en las pésimas decisiones pasadas o en lo injusta que parece la vida, porque no hay forma de cambiar el pasado (ni de alfombrar el mundo), sospecho que lo más sano y fructífero es centrarse justo en el aquí y en el ahora, aprender de los errores y trabajar en no cometer los mismos; tener paciencia (y confianza en la Vida)… Trabajar en el actuar “correcto”, ponerse pantuflas (construirlas) y vivir con compasión; compasión con otros, con uno mismo, con todo. 

Seguido pienso en Chocobuda y su afirmación de que el camino largo siempre es el más seguro. A veces también lo creo y disminuye la ansiedad cuando me entran las ganas que todo pase pronto.

Hablando de Chocobuda, él me ha dicho que deje de pensar tanto en mí y piense en los demás.

Esa es una ardua tarea, me he pasado los últimos años pensando mucho en mí: ¿dónde vivo?, ¿en qué trabajo?, ¿con quién salgo?, ¿cuál es la mejor forma de gastar mi dinero?, ¿cómo le hago para vivir bien?, ¿cómo le hago para mejorar mis relaciones?, ¿cómo le hago para tener más y mejores amigos?, ¿cómo le hago para poder salir de vacaciones?, ¿cómo le hago para tener novio?, ¿qué hago para…? Y así en una secuencia medio eterna de preguntas que se centraban en mi propio “bienestar” (y no digo que esté mal ocuparse en el propio bienestar, sólo que quizá he exagerado o me he equivocado en la formulación de las preguntas). Infiero que cambiar ese tipo de pensamientos y preguntas es un camino largo, así que un paso a la vez;  por ahora trabajo en pensar más en la gente que quiero, como mi hermana, mis sobrinos, los amigos. Preguntarles más seguido cómo están, invitarlos más seguido a tomar tesito, tener conversaciones más profundas con ellos, decirles más seguido que los quiero, buscar más seguido formas de hacerlos sonreír. 

A veces también pienso en usted, me pregunto qué será de usted, desapareció de una forma abrupta de mi vida, supongo que yo ayudé bastante para que aquello sucediera eso, ojalá le hubiéramos hecho más caso a Chocobuda y la premisa hubiera sido seguir el camino más largo, quizá las cosas hubieran terminado mejor… Esto, el “hubiera” no es muy budista, las cosas son y  ya (¡Atención al presente!).
Ojalá esté bien, a veces me preocupa, me dan ganas de preguntarle cómo está, qué ha sido de su vida, cómo está su familia, cómo le fue en el examen de título, si volvió a correr, si se siente bien. Pero prefiero no hacerlo, supongo que usted decidió dejar de comunicarse con migo porque tenía sus razones y se las respeto, además supongo que es mejor así, las cosas no salieron muy bien la última vez.

Ojalá esté bien, ojalá sus pantuflas sean maravillosas y las incomodidades de la vida no lo perturben, ojalá esté rodeado de afecto y lo perciba, lo valore y su corazón esté llenito. Ojalá esté contento y en paz y sea la mejor versión de usted mismo.  

Un abrazo grande. 

Clo que ahora tiene 31, más de los 30 de cuando me insinúo que era solterona… 

(Ese fue un chascarro, me pregunté –medio sorprendida y con risa- cómo alguien que se supone intenta “conquistarme” me dice solterona;  es curioso, pero no me importa, me gustaría tener un buen compañero, pero no creo que haya que “apurar” u “obligar” aquello; creo que es más importante construirse y calzar unas buenas pantuflas, al final si el vacío es la forma y la forma es el vacío… todo es como lo mismo, nosotros, usted y yo somos uno con el todo, parte del todo, de la forma y del vacío y el todo es nuestro compañero, la soledad-soltería no es más que una ilusión).

Quizá lo pierda "todo"...
(todo es una exageración).

Si sucede, recuerda que puedes volver a empezar, queda la experiecia.
Si sucede y ojalá no sea así, mantente optimista, concentrate en vivir el presente.
Reconstruye. Construye.

Piensa que esto también será una historia,
que sólo debes tener paciencia y trabajar por mantenerte serena.

Confía en la Vida.

Volver al aula

He vuelto a hacer clases, después de años de trabajo en oficina, definiéndome como una arrepentida de haber estudiado pedagogía, la Vida “me orilló” a volver al aula. Llevo un poco más de dos semanas, dos semanas agotadoras, llenas de trabajo; pero creo que me ha salvado…

Como dice la canción volví, a caer con la misma piedra; y esta vez fue un golpe gigantesco, supongo que yo misma “caminé” hacía la caída, por ilusa, por no soltar los afectos y por aversión a la soledad.

Pero esta vez, entre medio de la tristeza y el enojo, respiré… dejé de agitar mi mente y dije adiós de la forma más tranquila y frontal que se me ocurrió y pude. Y se dio la casualidad que comencé a hacer clases.

Hacer clases es agotador y aún no sé cómo mantener atentos y a un volumen moderado a más de 40 adolescentes… No sé mucho en realidad, pero cuando estoy ahí me esfuerzo por contestar todas las preguntas, tratarlos con cariño y mantener el orden… Me gustan mis estudiantes, a veces les grito y me agota que no presten la atención suficiente o que hagan tanto ruido, pero tiene algo de hermoso estar ahí, uno llega a recibir afecto y varios te agradecen la disposición para explicar y la paciencia; otros te cuentan sus historias y te comienzas a llenar de esa energía que tienen esas grandes personitas a esa edad.

El otro día un amigo antiguo me preguntó cómo iba en el colegio, le conté que era agotador, pero que pensaba que iba bien, luego me preguntó por mi “corazón”, le dije que por vez incontable habíamos terminado con Piedrazo, pero que estaba “tranquila”, que este espacio de alta carga laboral y de enfrentar un nuevo desafío y cambio de vida, era una gran oportunidad para decirle adiós a una relación no muy sana, él estuvo de acuerdo conmigo y con ese humor característico de él me dijo: “si pos Clo, hay que admitir que esa relación es bien alta en colesterol” (y todos los sellos que ahora le ponen a la comida).

No sé bien porqué estuve en una relación “alta en colesterol” tanto tiempo, cómo me adentré en una dinámica en que “profundamente” hablando nadie salía beneficiado, quizá nunca lo sepa, y supongo que eso no es lo importante; lo importante sospecho yo es soltar, perdonar, incluida a mí y detenerme, no actuar torpemente, dejar que la turbiedad del agua decante.

Hacer clases me ha ayudado, he conocido a un montón de gente nueva, varias de las cuales pienso son maravillosas, incluyendo otros docentes y a mis alumnos.

Quizá la Vida me trajo a este punto. Este en que estoy un viernes por la noche sola y escribiendo, pensando a ratos que tengo harto trabajo, pero que quiero hacer las cosas bien, por el bien de mis estudiantes y el mío. Quizá la vida me trajo a este punto, en que tengo que hacerle frente a un gran desafío con el corazón roto, pero que siento que con las pequeñas muestras de afecto se va rearmando, como cuando mis compañeros hacen un desayuno especial y me llevan una barrita de cereal que sí como, porque recuerdan que soy vegana; o cuando algún estudiante me abraza por impulso o me regalan comida por pura muestra de afecto.

Estas semanas han sido agotadoras y he tenido que trabajar mucho con el corazón roto, pero en cierta forma han sido hermosas.

Me llegan las palabras que hace años me escribió el señor Vian: “ser profe es terrible, pero es hermoso como todas las cosas terribles que hacemos por opción y porque algo al interior de nosotros nos llama a hacerlas”.

Ojalá las cosas marchen bien y yo llegue a ser una buena docente.

Si es que alguien, alguna vez llega a leer esta entrada, estimado lector, si usted cree en el poder de los pensamientos, imagíneme siendo una profe “bakán” de esas que hacen que aprender sea una linda experiencia y que todo lo que aprendan mis estudiantes les sea de provecho y que sean inmensamente felices.

Si usted, querido lector, cree en el poder de los pensamiento, imagíneme liberada de ese seudo amor tormentoso, imagíneme en relaciones sanas, todo tipo de relaciones, en donde todos salimos beneficiados y estamos felices y en paz.

Yo me lo imagino a usted feliz, en la playa, el trabajo o hasta en esos “golpes quizá bajos que da la Vida”, me lo imagino en paz, reconfortado y alcanzando las causas de la felicidad. Desde acá, en un viernes en Chile, mientras escucho “el carrete de Bulnes”, yo a usted le envío amor, paz y ¡Un gran abrazo!

Diálogos que calan el alma


A veces hay diálogos que parecen cotidianos, comunes, que podrían pasar desapercibidos, pero que de alguna manera calan el alma, la reconforta, la fortalecen.

El domingo estaba con una amiga, hablando de la vida, pasamos de temas livianos a analizar lo duro y complicado que a ratos parece ser vivir; entonces entre medio ella me dijo: ¿pero no te sientes bakán? A los problemas les haz hecho ¡Pow! ¡Pow! -mientras hacía el gesto de estar boxeando-,  y sigues –mientras hacía el ademán de sacudirse, luego levantaba los brazos y hacía el gesto aquel en que se avisa que uno está bien-. La miré, sonreí y le dije que sí, pero que estaba cansada. Y me dijo, sí, te entiendo, pero más deberías estar orgullosa y sentirte bakán.

Es curioso, en general noto mi propia fortaleza, mi lucha y la paciencia; entre las dificultades me repito que ya se acabará, que ya se me ocurrirá algo, que algo pasará y las cosas mejorarán. Pero en ese instante, escucharlo de mi amiga me caló profundamente, en una época algo complicada de mi vida, me dio ánimos para no aguantar circunstancias -que sí puedo cambiar- solo por miedo.

Otros lindos diálogos, son los que se forman con el señor V, cómo ayer cuando me preguntó qué tal mi día y le dije que en realidad no había hecho mucho y me contestó, está bien, haz hecho mucho por mucho tiempo. Me gusta su don de la palabra, lo amable que es, el bello ser humano que parece ser.

Sonrío, porque hoy es un día soleado, estoy en mi hogar, ese que yo he armado, escribiendo en mi cama, con sabanas limpias y un colchón cómodo, es reconfortante, por la ventana veo la ciudad bulliciosa y algo contaminada, pero de alguna manera hermosa, hay mucha gente ahí, hermanos, hermanas, que son parte de un mismo todo y sé que hay amor. Sonrío por el cariño que llevo en el recuerdo, que se aloja en mi cuerpo, sonrío porque me siento  querida y bendecida, sonrío suavemente porque siento un gran afecto por mucha gente y a veces por todo.


Mi tía

Hace unos días murió una tía, en realidad no tenía una relación cercana con ella, pero cuando fui al funeral me acordé de cuando era “chica” y la íbamos a visitar seguido, ella era bastante amable, su casa siempre estaba llena, siempre había alguien que la iba a visitar; y acogió a varios niños en su casa, que a la hora de sepultarla la despidieron como a una madre. Lloré, con algo de resistencia, lloré, no porque fuera a extrañar a esa mujer valerosa, sino porque se notaba que dejaba un hueco enorme en sus familiares sanguíneos cercanos y en los familiares adoptados. Lloré porque me acordé y añoré los almuerzos de los domingos en su casa, en donde primero almorzaban los niños y comíamos cazuela de pollo con cilantro picado por encima, me gustaba la comida de esa mujer grande, sus manos “gorditas” con anillos que mostraban que era una mujer de trabajo, ella el pilar de esa familia medio alocada. Supongo que mi tía tuvo defectos, quién no,  pero es difícil pensar en ellos, porque ahora lo que prima es su calidez, esa que entregaba a través del trato amable, del cariño otorgado, de la acción de acoger y la comida rica. 

Confianza en la vida


Hace 20 días me despidieron, fue una mala sorpresa y a ratos un bello respiro. Sé que tengo que tener un trabajo para mantenerme, pero en cierto grado sospecho que aquella labor me estaba “estancando” y a veces asfixiando.

No sé qué me espera, pero estoy aprendiendo a confiar en la Vida (así con mayúscula, como dice Chocobuda).

Creo que últimamente me he perdido harto, como si los intentos de transitar el camino medio llegaran sólo a eso, intentos, malos intentos y a ratos confusión.

Pero a ratos lo veo más claro, o en realidad no lo veo, no claramente como una revelación, sino que confío, confío en la Vida, en que trabajé en lo deba (o quizá no trabajaré un tiempo) hasta que el “problema de a qué me dedico” se resuelva, conmigo o sin mí y llegue a un trabajo que produzca bien para todos. O que me daré de “cabezazos contra el vidrio o la pecera” en la construcción espiritual, hasta que me “ordene y aclare” -y el problema se resuelva, conmigo o si mí- y consiga hacer de la práctica espiritual un hábito y crezca. Lo mismo en todos los otros muy importantes aspectos de la vida, como la familia y el amor (de pareja).

Así que aquí estoy, a ratos un tanto asustada y algo estresada, pero en la mayor parte del tiempo confío, confío en la Vida, rindiéndome a su magia y sabiduría; y espero que aquella confianza crezca desplazando al miedo.

Creo que ya ha pasado, quizá siempre pasa y uno ni lo nota, pero la Vida parece conducirnos a “lo preciso”, en el momento adecuado (y con una paciencia infinita).

Al final todo estará bien.

Gassho.

¡Se va!


A veces te extraño pequeño Piedrazo o al menos algunos aspectos de ti...

Pero todo se va, como tu,
quizá yo también me fui.

¡Todo se va!

¡Se va, se va, se fue!

Estos días son los de extrañar, pero pasará, como todo, el sentimiento se irá...

Tu aliento llega… para irse.
Tus pensamientos llegan… para irse.
Tus palabras llegan… para irse.
Tus acciones llegan… para irse.
Tus sentimientos llegan… para irse.
Tus enfermedades llegan… para irse.
Tus etapas llegan… para irse.
Las estaciones del año llegan… para irse.
Has llegado aquí… para irte.
          (del Blog de Chocobuda)

No tiene caso aferrarse, ni sentirse mal porque aún quede... ¡Todo se va!

¡Se va, se va, se fue!

El camino más largo es siempre el más seguro y otras ideas


Por años pensé en volverme vegana, lo intenté varias veces; y un día simplemente lo hice, dejé los lácteos. Antes siempre me costaba pensar en la idea porque tenía una gran afición a los helados, el queso, las galletas y los pasteles. Digamos que aún los como, pero ya no es tan simple como ir por la calle y comprar cualquiera. Tal dificultad para adquirir tales alimentos se tradujo en bajar 7 kilogramos, dejar de comprar golosinas tres veces al día y en que mi asma se apaciguó.

Siempre pienso en eso cuando me enfrento a cambios potenciales de estilo de vida y en los que ya he fallado, como los intentos de volverme deportista o el de comer muy sano. Digamos que por el lado de volverme deportista estoy avanzando. El yoga es genial, es curioso, pero pienso que si no hubiera pasado por todo el "desorden emocional" de mi seudo-relación tormentosa con Piedrazo, no me hubiera obligado a ir (en un comienzo al menos). Supongo que también la insistencia de una amiga para que nos inscribiéramos influyó, pero ya antes pagué gimnasios y hasta talleres de yoga, y no fui o dejé de ir pronto, creo que es la primera vez que paso más de dos meses haciendo alguna actividad física (en mi edad adulta al menos), ojalá perdure, ojalá se vuelva un habito de tiempos buenos y malos.

Ahora sopeso la idea de volverme budista o avanzar más en esa dirección. 

La idea de volverme budista me ha rondado la cabeza desde hace años, creo que desde la adolescencia, cuando leía de religiones y esta me pareció compasiva y bella, aunque supongo que no la comprendí, quizá aún no lo hago. Dejé la idea por años y así me la he pasado, olvidando la idea y luego reconsiderándola, leyendo, abandonando la idea y vuelta a reconsiderarla.

En el verano me tatúe un enso para que me recordara que una de las más importantes tareas que debo llevar a cabo en la vida; es la construcción espiritual, supongo que a ratos he olvidado la idea, a pesar que todas las mañanas veo aquel enso justo antes de entrar a la ducha, a ratos postergo aquel compromiso, como quien posterga una cita al dentista, para un más adelante difuso, pero que se debe ser cercano.

El señor V me diría que es un camino difícil, que ha todos nos pasa que nos desviamos, que debemos ser compasivos con nosotros mismos y tenernos paciencia, ir un paso a la vez, considerando lo que tenemos, con lo que contamos en el presente, que todo tiene su tiempo... pero que tampoco me deje estar, que la práctica es importante y que somos responsables de nuestros actos; que persevere, sea paciente y compasiva, poco a poco el camino se manifiesta.

El tiempo... y la paciencia.

Recién estoy comenzando, me queda tanto por aprender.

Alguna vez leí en el blog de Chocobuda que el camino largo es siempre el más seguro.

Estimado Chocobuda, nunca te he visto y tus palabras han calado hondo en mi alma, es verdad, las palabras son poderosas...

Alguna vez Piedrazo me contó que su profesor del liceo le dijo que la música era la más poderosa de las artes (o la madre de todas las artes, no lo recuerdo bien), yo me lo quedé mirando y le dije que de haber haber alguna pensaba que era la literatura, que han habido libros, movimientos literarios que han cambiado el transcurso de la historia, que han cambiado al mundo. Piedrazo lo pensó un poco. sonrió y en broma declaró que había vivido engañado toda su vida gracias a su profesor.

No creo que sea necesario hacer una jerarquía entre las artes, ya cuesta definirlas, y es innecesario, el arte es arte y ya.

Solo creo que las palabras; los libros, la palabra escrita (o hablada) tienen un gran poder; y en esta búsqueda espiritual me he encontrado con hermosas joyas, como el blog de Chocobuda, Budismo para principiantes de Asma, Buena pregunta buena respuesta del moje Dhammika, Gota a gota de Ajahn Sumedho o el ABC de la felicidad de Marinoff, entre otros muchos textos de Internet o que la sangha me ha nombrado o facilitado.

Tiempo y paciencia.

Lectura.

Trabajo y meditación.

Quietud y silencio.

Amor.