Sobre la vejez
Fluir de la conciencia
Debería dejar de tomar coca-cola, quizá adelgazaría, a lo mejor debería salir a correr, crearía endorfinas y me pondría en forma. Mi computador no suena, me da flojera abrirlo y mirar qué tarjeta de audio tiene. Es curioso que lea libros para cuarentonas, “Hasta siempre mujercitas” y Marcela Serrano, nunca he leído de su vida, de seguro es medio cuica, pero me agradarla leerla, a lo mejor mi preferencia por novelas para cuarentonas me hace sentir medio vieja, medio cansada.He pensado en el cansancio y en un amor añejo, no sé si me persigue o yo en el intento de dar vuelta la página la mantengo en alto, sin estar en ninguna página. Me acuerdo de Temuco, de mi compañero atento ¿Clo vas a tomar once? ¿Clo tomaste desayuno? Clo siéntate conmigo ¿Clo no me vas a preguntar porqué anoche estaba nervioso?... Pasó la vieja… Y yo en una dimensión paralela…
Y yo en el limbo…
Y yo queriendo pisar la arena; Me llama el mar, me llama, y yo que busco señales, maldita la hora que empecé a leer a Coelho, porque chucha le creo si es un brasileño cualquiera que vende un montón de libros, ni siquiera es muy respetado…
Y yo que pienso que es mejor tarde que nunca; Y me da vuelta una nota ¿Dé dónde la saque? Está en mi libreta de anotar direcciones para ir a hacer clases: “Georgina, buscas obstáculos en vez de buscar magia…”, de seguro lo escuche en la tele y lo escribí en la primera parte que encontré.
Y los ojos verdes…
Debería estar estudiando cálculo o leyendo de células, lípidos y no sé cuánta cosa más, para así aprender a hacer yogurt y cerveza, a lo mejor después me dedico a eso, hago cerveza artesanal, en vez de hacer clases y tratar de cambiar el mundo; Me instalo con un bar a lo HBH y me hago millonaria, propago el relajo y el alcoholismo.
Y yo que escribo divagaciones, mientras espero que el alma me alcance el cuerpo; Toma tiempo acostumbrarse a algunas cosas; A algunas ausencias, sobre todo si estuvo presente 24 años…
Con sabor a milagro
Si no fuera porque a mi compañero lo veo deambular por los pasillos de la U, pensaría que es un ángel y tuve algún tipo de aparición.
¿Caprichosos?
Bien lo sé, yo también a ratos doy razones para sospechar que soy caprichosa.
Si recuerdo cuando me cantaron al oído una vez, una canción donde me adjetivaban con semejante característica.
Pues a lo mejor compito con Dios; Bien poco astuta yo competir con semejante contrincante… Voy directo a la derrota.
Tal vez sí, o tal vez no… a lo mejor de puro humor Dios me deja ganar… O pierdo y en la derrota gano …
Así somos los ilusos, los idiotas, a ratos nos equivocamos, así casi a propósito por puro probar, por puro soñar, por puro vivir…
(Clo escribiendo un poco ebria)
Carta de amor
Siendo sincera, a veces te imagino como amante, cómplice y hasta como un novio, y me sorprendo entre quehacer intentando adivinar que es lo que harías, como eres; Y de alguna forma te debo inventar porque hasta llegas a actuar en algunas de mis alucinaciones… Pero supongo que la ñoñes pública no me viene, y el cierto recelo al rosado y a las novelas tildadas con aquel colorido adjetivo me estacan ante la idea de emitir poéticos y hasta folclóricos piropos o declaraciones.
Además estoy harta de este ciclo que no tengo idea cómo detener y de entre las alternativas la más viable y la más tentativa me parece la de escaparme. Pero donde voy, yo me persigo y los sentimientos conmigo, entonces no hay descanso, ni de lo que siento ni de lo que imagino, ni de lo que soy y mucho menos de ti; Ni de aquello que no me atrevo a sentir. Y me dan ganas de gritártelo, y hasta llego a sospechar que es la cura. Pero el ser racional, negativo o hasta esperanzador, que me constituye, me detiene. Por que una cosa es ir destartalada por la vida, con el pelo enredado, poco dinero, sin saber a ciencia cierta que hora es y dudando de la fecha exacta, pensando en que podría ser la vida mientras cruzo una calle; Y otra muy distinta es decirte que quizá te quiero, que quizá siempre te he querido y el querer, mientras creía no sentirlo, se me alojo entre el colón y el estómago como un tipo de parásito y ya no sé como sacármelo. Y con un solo toque se volvió sintomático y ahora tengo que aguantármelo, aguantarte y hasta aguantarme.
Supongo que soy un cúmulo de lamentos; de ilusiones, alucinaciones y de controles; Porque me han dado ganas de tirarme a tu cuello y a ratos he tenido las intenciones de buscar las palabra para decir lo que siento; Pero no me sale, por la experiencia, el orgullo y las confusiones mentales; No es el miedo a fracasar o al rechazo, es el volver a caer con la misma piedra, porque eso es de idiotas y yo intento no ser una. Además sospecho más que no me quieres y llego a dudar enormemente que algunas vez llegues a hacerlo, y yo no quiero eso, mis anhelos románticos van más por otros lados, por los de correspondencia, pasión y autoentrega. Porque a amar no se le puede obligar a nadie y por más que uno aprenda a hacerlo, yo creo que la atracción no se crea, solo surge y acá parece que ya no se dio y yo no quiero eso, yo quiero vivir otro amor, uno entero y por estos años no pienso transar en eso.
Y es que yo podría quererte, pero más te odio, por amable y mentiroso, por descortés y hermético, por compartidor y no cumplidor, por lejano y a ratos insinuador, sabiondo y confesor; Pero supongo que más te odio, porque por más que lo intento no logro borrarte, ni mucho menos sanarme.
C: Pucha que lata el tema…
J: Pero yo te conté mi historia…
C: Es que las razones son muy chantas.
J: Yo tengo una sospecha.
C: ¿Cuál?
J: Tú eres muy sexy para él.
C: Jajajajajajaja…
J: Es en serio…
C: Dale, nunca me lo había planteado.
J: Es una alternativa que tienes que considerar.
C: Jajajajajajaja…
Éramos los elegidos del sol

y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
el agua nos amaba
las selvas eran nuestras
el éxtasis era nuestro espacio propio
tu mirada era el universo frente a frente
tu belleza era el sonido del amanecer
la primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
una muerte antes de tiempo
el alma que no sabe en qué sitio se encuentra
el invierno en los huesos sin un relámpago
y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de tinieblas
en su trono de águila herida de infinito.
El cuento del arbolito
Un día un hombre con una mula se acercó y para su espanto y el de sus hermanos mayores lo talo. Entristecido y agobiado el pequeño árbol se entregó a la más grande de las desdichas, no cumplir su sueño, aterrorizado y abrumado presenció frustrado cómo lo alejaban de sus hermanos mayores.
El hombre lo llevó a un tipo de taller y ahí con su cuerpo confeccionó una cuna. El arbolito se convirtió en el lecho de un pequeño. El arbolito presenció el milagro de un nacimiento y sintió el amor que otorgan unos padres entusiastas, al fruto de su cariño, de su unión; “Vivió” feliz el arbolito entre el cariño siendo cuna.
Mientras mis compañeros decían que el mensaje del cuento era detener la tala de árboles, yo pensé en los sueños. Yo que siempre he intentado ser fiel a mis sueños, seguirlos, luchar por ellos, me quede pensando en que quizá la vida de vez en cuando o muchas veces nos sorprende y deja en un lugar inaccesible la realización de nuestros sueños. Pensé que quizá a pesar de ello, a pesar de la pena y el dolor de ver mutilado los sueños, se logra ser feliz, porque quizá la vida nos guarda algo maravilloso.
Lo importante
A lo mejor soy el recuerdo
de una premonición.
lo importante es cómo me llame yo.
Victoria Violenta
¿Cómo no quemar el colchón dónde se consumo el amor?
Victoria encubierta
Si se siente tanto la vida.
Victoria profesora
y de ahí recorren el cuerpo.
Victoria apasionada
Y es también un motor
que se aloja en el vientre bajo
provocando acción
produciendo instinto
provocando…
Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años
Se cansaron de esperarme y se sentaron
Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco
Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol Cuántas cosas me he ido convirtiendo en
[otras cosas...
Es doloroso y lleno de ternura
Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio Esperar en silencio
-Vicente Huidobro
De Últimos poemas, 1948
Quiero ser
para escuchar a mi alma
que me murmuraba
y me gritaba
en una lengua extraña.
Yo a veces quiero ser quietud
y esperar descalza
mientras me alcanzas,
mientras mi alma me alcanza
y me susurre al oído
en un lenguaje inventado
y sea mi cómplice,
y seas mi cómplice
Yo a veces quiero ser paciencia
y acallar el grito en mi pecho,
en mis entrañas.
Que están vacíos por el desprecio
por el destino incierto.
Yo a veces quiero ser destiempo
y dar los besos que no di,
ver aquello que no vi,
escuchar aquello que no oí,
entregar lo que me guarde,
huir cuando me quede,
golpear lo que no toqué,
hablar lo que me callé
“Sólo las personas buenas se vuelven mejores con el dolor, a los demás nos hace peores…”
¿De cuales soy yo?
Sobre la idiotez
Me pregunto si seré como Manuel, la creación de Simonetti o como Manuela, la esposa de Huidobro.
Lo que si sé, es que no le podré ninguno de esos nombres a mis hijos, a ver si así evito que hereden la idiotez.
Cambio
Ya no me gusta la palabra albergue, connota necesidad de auxilio.
Mejor tener pájaros en el alma...
Sobre la felicidad
La felicidad a veces
es aquello que me sorprende
sentada zurciendo,
con mi papá cantando en el otro sillón
y mi sobrino bailando pascuense sobre la alfombra.
Bicentenario
LA VERGUENZA DEL VIL CENTENARIO
Son tantos días que llevan mis hermanos mapuches en huelga de hambre, y este país glotón saciándose con sus asados de fiestas patrias, con sus banquetes por el vil centenario, por las reuniones de mantel largo que se les dará a las visitas imperiales que vienen a degustar el salmón al pil pil , el guachalomo frufrú o las papayas con albaca que les ofrecerá la presidencia de la derecha.
La vergüenza es un manjar amargo que se masca y cuesta tragar, más aun cuando se sabe que un grupo de mapuches en el sur del país se niegan a probar bocado en señal de repulsa frente a la injusticia. En señal de protesta por la maldita ley antiterrorista que los tiene encarcelados y se les aplicó por defender sus derechos ancestrales. Una vez mas el pueblo mapuche es agredido en su propia tierra. Y digo “propia” porque estoy hablando de sus praderas verde olivar, de sus lomajes azules, amarillos, rosados que pinta el tornasol de las flores que en esta época acuarelan el paisaje sureño donde antaño la raza indómita miraba los amaneceres sin lentes de sol.
Resulta vergonzoso saber que este grupo de personas permanece encarcelado solo por manifestarse contra el yugo cultural impuesto. Y que hacer con esta rabia cuando vemos que los medios de comunicación casi no informan de esta protesta que puede terminar con algún comunero muerto por inanición. Algunos de ellos tienen mareos y casi no se sostienen en pie. Nadie se preocupa tanto, y las autoridades y ministros faranduleros se hartan de comistrajos finos en los banquetes de palacio, cual obesos budas de la verborragia. Ojala les de colitis, una diarrea putrefacta que los arrastre por el water hasta el mismísimo mar. Y ni aun así se les borra la sonrisa hipócrita que lucen para las cámaras. Ni aun así dejan de masticar sus discursos entre canapé y canapé. Comen y comen y se comen a si mismos en la degustación mezquina de sus manjares y exquisiteces. Comer y cagar es su dieta para no saber que el grupo mapuche se niega a probar bocado, como si este gesto fuera un negarse a negociar, como si este gesto de mudez se negara a asumir el lenguaje del conquistador. “La porfía silencio es el estandarte de un pueblo que no le dio entrevistas a la historia”. No es el que calla otorga, aquí no hay nada que otorgar ni tranzar.
Viene el 18 de septiembre, y todos se preparan para la gran cena del bicentenario. Con empanadas de pavo o faisán, con asado de filete, mejor pescado, dice la ministra cuica tocándose la cintura de mosca, mordiendo apenas una aceituna rellena de anchoas. Mientras allá en el lluvioso sur las bocas cerradas de la tierra agonizan en su huelga de hambre. El invierno se termina, cae la ultima llovizna en la capital, también ruedan opacos lagrimones por la mejilla rugosa de una abuela machi. Llego de improviso la primavera, millones en fuegos artificiales para el vil centenario, vemos jirones de luces a lo Hollywood desde La Moneda. A los comuneros mapuches les enrejaron el cielo. Un estremecimiento de tripas marcará este dieciocho. La carne se quema en la parrilla, el vino blanco con chirimoya se entibia por el calor. El vahído de una nausea ancestral distorsiona el himno patrio que se escucha en casi todos los hogares chilenos.






