A poco de terminar el 2017
Volver al aula
Como dice la canción volví, a caer con la misma piedra; y esta vez fue un golpe gigantesco, supongo que yo misma “caminé” hacía la caída, por ilusa, por no soltar los afectos y por aversión a la soledad.
Pero esta vez, entre medio de la tristeza y el enojo, respiré… dejé de agitar mi mente y dije adiós de la forma más tranquila y frontal que se me ocurrió y pude. Y se dio la casualidad que comencé a hacer clases.
Hacer clases es agotador y aún no sé cómo mantener atentos y a un volumen moderado a más de 40 adolescentes… No sé mucho en realidad, pero cuando estoy ahí me esfuerzo por contestar todas las preguntas, tratarlos con cariño y mantener el orden… Me gustan mis estudiantes, a veces les grito y me agota que no presten la atención suficiente o que hagan tanto ruido, pero tiene algo de hermoso estar ahí, uno llega a recibir afecto y varios te agradecen la disposición para explicar y la paciencia; otros te cuentan sus historias y te comienzas a llenar de esa energía que tienen esas grandes personitas a esa edad.
El otro día un amigo antiguo me preguntó cómo iba en el colegio, le conté que era agotador, pero que pensaba que iba bien, luego me preguntó por mi “corazón”, le dije que por vez incontable habíamos terminado con Piedrazo, pero que estaba “tranquila”, que este espacio de alta carga laboral y de enfrentar un nuevo desafío y cambio de vida, era una gran oportunidad para decirle adiós a una relación no muy sana, él estuvo de acuerdo conmigo y con ese humor característico de él me dijo: “si pos Clo, hay que admitir que esa relación es bien alta en colesterol” (y todos los sellos que ahora le ponen a la comida).
No sé bien porqué estuve en una relación “alta en colesterol” tanto tiempo, cómo me adentré en una dinámica en que “profundamente” hablando nadie salía beneficiado, quizá nunca lo sepa, y supongo que eso no es lo importante; lo importante sospecho yo es soltar, perdonar, incluida a mí y detenerme, no actuar torpemente, dejar que la turbiedad del agua decante.
Hacer clases me ha ayudado, he conocido a un montón de gente nueva, varias de las cuales pienso son maravillosas, incluyendo otros docentes y a mis alumnos.
Quizá la Vida me trajo a este punto. Este en que estoy un viernes por la noche sola y escribiendo, pensando a ratos que tengo harto trabajo, pero que quiero hacer las cosas bien, por el bien de mis estudiantes y el mío. Quizá la vida me trajo a este punto, en que tengo que hacerle frente a un gran desafío con el corazón roto, pero que siento que con las pequeñas muestras de afecto se va rearmando, como cuando mis compañeros hacen un desayuno especial y me llevan una barrita de cereal que sí como, porque recuerdan que soy vegana; o cuando algún estudiante me abraza por impulso o me regalan comida por pura muestra de afecto.
Estas semanas han sido agotadoras y he tenido que trabajar mucho con el corazón roto, pero en cierta forma han sido hermosas.
Me llegan las palabras que hace años me escribió el señor Vian: “ser profe es terrible, pero es hermoso como todas las cosas terribles que hacemos por opción y porque algo al interior de nosotros nos llama a hacerlas”.
Ojalá las cosas marchen bien y yo llegue a ser una buena docente.
Si es que alguien, alguna vez llega a leer esta entrada, estimado lector, si usted cree en el poder de los pensamientos, imagíneme siendo una profe “bakán” de esas que hacen que aprender sea una linda experiencia y que todo lo que aprendan mis estudiantes les sea de provecho y que sean inmensamente felices.
Si usted, querido lector, cree en el poder de los pensamiento, imagíneme liberada de ese seudo amor tormentoso, imagíneme en relaciones sanas, todo tipo de relaciones, en donde todos salimos beneficiados y estamos felices y en paz.
Yo me lo imagino a usted feliz, en la playa, el trabajo o hasta en esos “golpes quizá bajos que da la Vida”, me lo imagino en paz, reconfortado y alcanzando las causas de la felicidad. Desde acá, en un viernes en Chile, mientras escucho “el carrete de Bulnes”, yo a usted le envío amor, paz y ¡Un gran abrazo!
Ya no quiero que la vida me haga más fuerte
Sospecho que reprobaré Cálculo, por segunda vez, y seré yo la que pierda el año; Claro siempre existió esa posibilidad, pero pensé que sería en comunidad, todos juntos sacrificando el año en pro de una educación gratuita...
Ahora vuelvo de trabajar, me duele la espalda, el cuello y llego a esta casa que no es mi casa, en la que pago por ocupar una habitación, y me golpea el no pertenecer, el que mi forma de vivir no se pueda manifestar porque acá importa un carajo mi opinión... Y el tiempo en que pueda trabajar y ganar un poco más para vivir mejor se aleja más y más, y estoy cansada, y me entran ganas de llorar, y como siempre la dureza se manifiesta y me quedo mirando mis cuadernos, y me digo terminaras estudiando de todas formas, porque así eres tu, luchas hasta el final... Y me pregunto porqué todo sucede así, porqué ha costado tanto esto, porqué siempre cuesta tanto todo; Y me digo, me repito, le digo al Dios sin forma en el que creo: "Estoy cansada que la vida me haga más fuerte... Ya me merezco la parte de los frutos, estoy cansada."
¿Por qué quiero ser profesora?
Quiero hacer alianzas con las minorías
hacer de un mundo
un universo
un lugar más bueno
y así hacer del mundo
un lugar más justo.
Y es que lo que más
me apesta es la injusticia.
Eso de que algunos
tienen mucho
y otros bien poco.
Y no me refiero a la casa
el auto, el plasma
o todas esas cosas
con las que ni sueño tener…
que no he tenido enfrente,
que he visto en la tele
o que ni he visto
porque están reservadas
para aquellos que viven
entre paredes bien hechas,
comida bien hecha
y jardines bien cuidados
por aquellos
a quienes se les niegan estas cosas.
No es eso.
No es sólo eso.
Es la desventaja que se asigna en la cuna.
Es la negación a la protección
a saber
a conocer
a elegir…
La negación a las oportunidades
a los sin límites
a la paz
a el descanso
a la justicia
a todo eso que se le dificulta tanto a los pobres
a los pobres e ignorantes…
Y no es ignorante la palabra
pero se acerca.
Y es que usted me podrá llamar ilusa
pero yo creo
yo apuesto
que educando
se puede liberar...
¿Por qué estudiar? (o no se parezca al presidente)
¿PORQUÉ ESTUDIAR HISTORIA?
a) Porque Robinson Crusoe, NO EXISTIÓ.
b) Porque Nicanor Parra, esta VIVO.
c) Porque el Canelo y no el laurel, es el árbol sagrado del pueblo Mapuche.
d) Porque Checoslovaquia, dejó de existir como tal en 1992, por lo tanto no se puede visitar.
e) Por que Alemania ya no es NAZI....
f) TODAS LAS ANTERIORES.
No a la disminución de horas de historia.
(De Facebook)
Esta pregunta nació, supongo (si mi poder de deducción no me falla), emulando y satirizando los errores de “nuestro presidente”, ese que cuando recibía el poder, muchos pedían, mientras la tierra temblaba, le cayera una lámpara o pedazo de cornisa en la cabeza… (quizá era sólo yo).
El Nico, dice que salgo beneficiada con el cambio curricular, que tendré más trabajo; Puede que sea cierto; Pero yo sueño con una educación diversa he integrada… que forme personas criticas…
Me acuerdo de lo que dijo Benedetti:
…para mí sólo existen dos vías para adquirir conciencia política: Una es el hambre y el despojo, la otra es la educación…
Cuando era chica llegué a la misma conclusión; cuando me pasaba tardes entera preguntándome porque Allende no tuvo éxito en su empresa; Porqué si el cuento sonaba tan lindo, porqué si era un intento de dar vuelta la tortilla todo quedó en su muerte, en la aniquilación de la democracia, en el genocidio, en el terror… En que el pez grande se comiera al chico… en esta selva capitalista…
Entonces le hablaba al espíritu de Allende, la gente siguió tu empresa, la empresa de muchos, por el abuso, por el maltrato recibido, por el hambre… cambiar el trato, las condiciones de vida fue el empuje; pero faltó educar al pueblo antes de recibir poder…
Y fue en parte por esta razón por la que mi sueño desde la niñez fue ser profesora; Poseía una fe pueril en la educación; aún la tengo, a pesar de ya verle también el lado “B” (el malvado)… Aún sueño con una educación que concientice, que critique, que actué, que libere…
Más que libere…
(Recordándome cuál es mi lucha, en estos tiempos en que el cansancio, el insomnio y la frustración son constantes: ¡Maldito fin de semestre!)
Con sabor a milagro
Si no fuera porque a mi compañero lo veo deambular por los pasillos de la U, pensaría que es un ángel y tuve algún tipo de aparición.


