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Apocalipsis y Dios




Cuando iba en tercero medio una vez soñé que se acaba el mundo, llegaba el Apocalipsis, fue una mezcla de Matrix y como me lo imaginaba de chica en las reuniones de los testigos de Jehová cuando leían un libro rojo con el mismo título (Apocalipsis).

En ese tiempo estaba mortificada por las grandes disyuntivas de ser o no ser atea, de ser o no ser creyente, de ser o no cristiana… Y bueno, el sueño lo vi como un mensaje de Dios o una señal del cielo, mejor ser “creyente”.

No quise creer que podría ser una jugarreta de la mente o del inconsciente, por tanto pensar en Dios y en las religiones. Mejor creer, hacerle caso a la tan repetida frase de Einstein y pensar que todo es un milagro, porque aunque sea mentira la vida sabe mejor. 

A veces pienso que la gente cree en Dios, porque lo necesitamos, y ante las situaciones injustas o terribles, se prefiere pensar que Dios está mirando hacia otro lado porque no somos lo suficientemente piadosos, tenemos que arrepentirnos y abrir nuestros corazones, y ahí Dios o Jesús actuará en nuestras vidas; Y es que creer eso, pensar que uno tiene cierto grado de control, y que dios está ahí esperando para actuar, es más fácil que pensar que estamos total y absolutamente solos.

Sobre heridas (parte I)



Cuando era chica pensaba que las heridas del alma eran similares a las físicas, que habían rasguños que se curaban ´solos y otras heridas más serias a las cuales había que “curarlas”, “desinfectarlas” para que cicatrizaran y cuidarlas luego, hasta que la piel volviera a ser la de antes (o con una cicatriz); pensaba que la forma de “desinfectar” las heridas del alma era hablar, escribir, analizar, verbalizar y verbalizar… Y luego cuidarse, “regalonear” el alma.
Parece simple ¿No?

Incomprensiones


No sabía que es sumando las incomprensiones
 como se ama verdaderamente.
-Clarice Lispector
Es extraño, hoy es el cumpleaños de mi Arnold personal, ni me di cuenta y lo rememoré. Me acordé porque por el cable están pasado el paciente inglés y me recuerda mi adolescencia, cuando quería ver películas largas y con “sentido”. A  veces extraño a esa persona que buscaba filosofía en la cotidianidad  (la mayoría ahora considerada barata).

La Victoria de algún instante vería esa remembranza  como una señal y le sonreiría al cielo y diría quizá un día nos encontremos, y esto es la espera, y si no, pues la vida ya me traerá “cosas” bellas… con ese optimismo desmedido de una mente joven que lee a Paulo Coelho y se maravilla con paisajes desérticos con tonalidades cobres.

No puedo evitar sonreír, una sonrisa suave, mientras el cansancio hace que mis parpados pesen suavemente, y no rememoro nada que haya sucedido, porque con “mi Arnold” a veces fuimos amigos, pero nunca hubo una muestra de cariño que rememorar, o quizá sí, pero en este instante no importa, porque lo que importa es esa sonrisa suave y la sensación de liviandad, como si estuviera frente al mar en un día cálido y algo nublado, con la belleza del infinito en frente.

Quizá en esa época amé las incomprensiones, el chico alto y flaco que nunca conocí y mucho menos comprendí, los libros que no tenía a mi alcance, el arte que ni siquiera podía buscar en la red mundial (mejor conocido como Internet), la historia, mi madre, la vida que esperaba expectante se revelara y a Dios.

(supongo que todo sigue siendo incomprensible).

(Felicidad clandestina)

Un amor y mi Arnold personal

Este caballo no está ciego,señor.
Lo que pasa es que ya todo le importa una pura chingada.
-¿Juan Rulfo?



Vi “Un amor”, una película argentina en la que actúa Diego Peretti (razón por la que la vi), y bueno siento que la moraleja es que las “cosas” no cambian mucho en 30 años. Es extraño el tiempo.

Hay un cuento de Laura Esquivel que leí de chica, de una mujer que se enamora de un afuerino y este después desaparece, ella con el corazón roto viaja y conoce a un músico con el que se casa, y como 15 años después mientras espera en una fila, el afuerino le toca el hombro y le dice una frase al oído (olvidé cuál), y en ese instante ella recuerda a su padre que le dijo que el tiempo es una invención de los hombres y se echa a correr, porque la misma sensación de hace 15 años le recorrió el cuerpo.

Cuando era chica, 14 o 15 años me “enamoré” (si es que se puede llamar así, digamos que me gustó un chico, y era una atracción persistente que ahora pienso nació de un mal entendido), pues esta atracción me duró bastante, y bueno nada resultó porque al más puro estilo de Corín Tellado el tipo se “enamoró” de una amiga y puros cachureos. El asunto es que este tipo después volvió  a aparecer en mi vida y volvió a estremecerme (maldito), y otra vez nada (en realidad si pasaron “cosas”, pero nada de lo que yo quería o me hubiese gustado), y bueno después de varios cachureos y de un bloqueo emocional el tipo salió de mi vida.

Luego de terapias pastales varias (nótese aquí que me refiero a estar tirada en el pasto), varias cervezas, coqueteos varios, más cachureos y sobretodo muuucho tiempo, cuando ni pensaba en este tipo, pasó lo del terremoto, y a mi se me ocurrió ir a donar sangre, y ¡Paf! que cuando venía de vuelta, con un sueño profundo, lo diviso, solo lo vi, mi Arnold personal (en esta metáfora yo sería Helga Pataki) y ¡Paf! me golpeó  el bendito cuento de Laura Esquivel, y en ese instante consideré que hay veces en las que el tiempo parece mera ilusión, una invención de los hombres.
(Y bueno dado mi peculiar romanticismo, más me quería golpear por “pegá”, que soñar a que era mi media naranja).

PD1: Señor Arnold, si alguna vez lee esto, que lo dudo,  sepa que usted fue mi personaje de historias románticas recurrentes en mi mente, en donde caminábamos por el mundo real, sin prometernos cuentos de hadas, porque más que amantes éramos cómplices y soñábamos más a hacernos compañía que a volar por las nubes como en las caricaturas. Pero hasta en mi mente las cosas se fastidiaron, porque bueno, al final todo se fastidia…  (quería escribir eso).
Supongo que en realidad me desilusioné, de la realidad claro, porque las historias que creo en mi mente son geniales.

PD2: El cuento de Laural Esquivel quizá lo mezclé con otro, pero la frase es de un cuento, eso lo tengo claro.

PD3: Quería escribir cualquier cosa.

Un budista borracho y lujurioso



"Juegos de niños.
Eso es todo lo que hace la gente, juegos de niños.
Van del coño a la tumba
sin que les roce siquiera el horror de la vida."
-Bukowski


Querido Bukowski:
Un día como hoy hace mil años naciste, bueno no hace mil años, pero hace rato ya. Debo confesar que seguido te pienso, sobre todo cuando me siento atrapada y casi claustrofóbica en este pequeño cuarto en el que vivo y me dan ganas de emborracharme y hacer nada. También debo decirte que cuando te pienso me das un poco de envidia, y es que eras un maldito genio, algo así como un poeta maldito; Pero eso no es lo que me da envidia, lo que me provoca ese sentimiento es que tenías un sueño, “disfrutabas” llevándolo a cabo y eras malditamente bueno.
En cambio yo, o estimado escritor; yo soñé toda mi vida con ser profe y ahora lo detesto, y creo que lo hago pésimo, que le hago un daño al proceso educativo de los “cabros”, así que medio deserté del sector y vivo de un empleo mediocre en una situación mediocre (y ya ser profe conllevaba a recibir un sueldo mediocre, así que estoy por debajo de eso). Además he adquirido ese mal hábito de fundirme el cerebro mirando tele. Ayayay me doy rabia, quizá deba darle un golpe a la tele y ponerme a leer como condenada.
Bueno quería hablarte de la miseria y las derrotas, de mi miseria y mis derrotas, que no las detallaré por completo aquí, porque bueno, si estas muertos quizá la puedas observar tu mismo o en definitiva no, pero tampoco leerás esto, así que nos abocaremos a la razón que me hace escribirte a ti, y no a otro.
Pienso que tú tienes una visión cruda, pero a la vez “romántica” de la vida, de la miseria, como si resistir fuera el acto más grande  y ganar queda en segundo plano; te pienso como un budista borracho y lujurioso, que se atreve a llevar una vida fuera de los paradigmas y se crea su propia moral no psicópata.
En fin, la tele me ha quemado el cerebro, quería decirte eso, que te pienso, y que de cierta forma, cuando te pienso, las derrotas y la miseria no saben tanto a amargura, sino más a un algo inevitable que nos separa de los juego de niños y nos instala en las mayores.

Saludos en tu “cumpleaños”.
Un abrazo.
Clo

Un budista borracho y lujurioso



"Juegos de niños.
Eso es todo lo que hace la gente, juegos de niños.
Van del coño a la tumba
sin que les roce siquiera el horror de la vida."
-Bukowski


Querido Bukowski:
Un día como hoy hace mil años naciste, bueno no hace mil años, pero hace rato ya. Debo confesar que seguido te pienso, sobre todo cuando me siento atrapada y casi claustrofóbica en este pequeño cuarto en el que vivo y me dan ganas de emborracharme y hacer nada. También debo decirte que cuando te pienso me das un poco de envidia, y es que eras un maldito genio, algo así como un poeta maldito; Pero eso no es lo que me da envidia, lo que me provoca ese sentimiento es que tenías un sueño, “disfrutabas” llevándolo a cabo y eras malditamente bueno.
En cambio yo, o estimado escritor; yo soñé toda mi vida con ser profe y ahora lo detesto, y creo que lo hago pésimo, que le hago un daño al proceso educativo de los “cabros”, así que medio deserté del sector y vivo de un empleo mediocre en una situación mediocre (y ya ser profe conllevaba a recibir un sueldo mediocre, así que estoy por debajo de eso). Además he adquirido ese mal hábito de fundirme el cerebro mirando tele. Ayayay me doy rabia, quizá deba darle un golpe a la tele y ponerme a leer como condenada.
Bueno quería hablarte de la miseria y las derrotas, de mi miseria y mis derrotas, que no las detallaré por completo aquí, porque bueno, si estas muertos quizá la puedas observar tu mismo o en definitiva no, pero tampoco leerás esto, así que nos abocaremos a la razón que me hace escribirte a ti, y no a otro.
Pienso que tú tienes una visión cruda, pero a la vez “romántica” de la vida, de la miseria, como si resistir fuera el acto más grande  y ganar queda en segundo plano; te pienso como un budista borracho y lujurioso, que se atreve a llevar una vida fuera de los paradigmas y se crea su propia moral no psicópata.
En fin, la tele me ha quemado el cerebro, quería decirte eso, que te pienso, y que de cierta forma, cuando te pienso, las derrotas y la miseria no saben tanto a amargura, sino más a un algo inevitable que nos separa de los juego de niños y nos instala en las mayores.

Saludos en tu “cumpleaños”.
Un abrazo.
Clo