Isabel Allende cuenta historias de pasión

Tenía 14 años cuando leí el primer libro de la Isabel Allende, fue “La casa de los espíritus”, donde narra la historia de tres generaciones de mujeres, Clara clarividente… Blanca que rompió las reglas y Alba, que pagó con creces su rebeldía; Mujeres con pasión, fuertes, con corazón.

Le tengo cierto aprecio a esta mujer, yo creo que en mi mente adolescente, cuando la leí las primeras veces, hizo que el feminismo, ese primito, se me aferrara y se desarrollara; Centrando siempre en la fuerza que otorga la pasión; Y es que para mi la pasión, la pasión femenina, esa que está motivadamente mayormente por el amor; esa pasión, es inmensamente poderosa e innovadora; Es capaz de cambiar destinos, mantener familias, otorgar amor, criar hijos, sustentar, trabajar, cambiar vidas, cambiar la historia…

Para mí esa pasión, la pasión femenina es capaz de hacer del mundo un buen lugar.




La feminista que llevo dentro...

Digamos que en cierto grado fui criada por la tele; Cómo gran parte de mi generación, y es que comprendo a mi madre, total no hacia ningún daño pasando horas frente a aquel aparato, mientras ella intentaba controlar a mi hermana y llevar una casa. Lo curioso es que a mi corta edad, 4 o 5 años que es de dónde recuerdo, dado que estaba vetado por el credo de mi madre el ver algunas caricaturas o series que estaban dirigidas al público del que yo era parte; Me dedicaba a ver películas, dramas o comedias, que no incluían ni magia, ni escenas muy violentas, ni mucho menos sexo. Así que por lo general veía heroínas, gente que luchaba desde los recónditos parajes de la esclavitud, pobreza, discriminación, etc. Y gracias a una vida de lucha alcanzaban algo, sus sueños; Lo que calo profundo en mi alma supongo.

También estaba las lindas tontas y las feas inteligentes; A mis cortos 5 años determiné que se podía ser una de las dos opciones, o linda tonta o fea inteligente, no había más; Y decidí ser inteligente, a pesar del precio, que para mí no era mucho, ser linda no era una cualidad; Nunca se me ocurrió que se podía ser linda e inteligente. Así que mientras en la adolescencia la gente de mi edad andaba maquillándose, buscando la ropa que mejor le quedara, con la que más mostrara, yo andaba en los recónditos rincones de mi mente imaginando historias que esperaba algún día llevar a papel y a las mentes de otras personas.

Pero ese tipo de inmunización hacia la “belleza” física, me llegó hasta que llegué a un nuevo colegio, donde de sopetón me atrajo un compañero. Puse resistencia, en realidad yo no quería ni ser como un personaje de novela rosa, ni seguir los cánones de bellezas. Pero luego de una crisis existencial y algunas desilusiones descubrí que a ratos la vida era más fácil para la gente que se veía mejor, y que ser linda no iba en contra de la inteligencia, no siempre al menos.

Así que sucumbí al sistema, a mis 16 años comencé a hacer dieta, y fui tremendamente estricta. Además me corte el pelo y me empezó a importar lo que me ponía; menos que al común de la gente, pero mucho más que antes.

Digamos que iniciada la dieta, no se acrecentó la idea de la conquista, yo podía ser alguien sano, comiendo sano, pero nunca me volvería una “persigue chicos”, o románticona, esa parte me la tenía vetada; Así que él pasó a ser un recuerdo, aunque luego reapareció en mi vida haciendo estragos…

El asunto es que ese inicio en el mundo de seguir los cánones de belleza, me comenzó a martirizar y es que después de como cuatro meses haciendo dieta, me fui alejando de a poco del plan de alimentación y cuidados, y empecé a ser yo de nuevo, descuidada y golosa; Y aún cuando no subí los kilos bajados, seguía no respondiendo a los cánones de belleza, y ahí estaba yo, con algo más de un metro y medio de altura, medio gordita; con la idea esporádica de hacer dieta y ejercicio y verme medio parecido a las chicas en bikini de la tele. Pero ahí estaba mi otra parte, feminista y rebelde, gritándome ¡No! No tienes porque responder a cánones poco sanos, impuestos por un mercado consumista y poco humano; Impuesto por gente superficial… Y mis ideas de dietas caían, sucumbía a la crisis existencial; Porque a pesar de querer lucir linda y sexy, la feminista que llevo dentro estaba de acuerdo con comer helado de chocolate y su discurso sonaba más inteligente que de la que quería usar bikini.

Así que así paso, a veces escuchando a la que quiere usar bikini y proponiéndome estrictos planes para ponerme en forma, y luego crisis, porque la feminista me grita que tanto esfuerzo por algo tan banal no vale la pena.

Adanowsky - Estoy Mal



Un dolor insoportable, me está comiendo el alma,

nada que ver con la flama, de una pasión que arde.
Si supiera por lo menos, ¿qué me duele?

Los años me son infieles y el sufrimiento atroz;
una sensasión feroz como una muerte eterna.
Me han cortado las dos pierdas
se ha muerto Dios.

Estoy mal.
Infinitamente mal.
¿Y por qué?
Es un misterio fatal.

Nada que hacer, no encuentro
dónde ni cuándo y qué.
Mejor sentarme y esperar que vuelva lo que fue.
Ahora que me siento lazio, me angustio.

Estoy mal.
Infinitamente mal.
¿Y por qué?
Es un misterio fatal.

Podría darme cuchillazos aquí en el...corazón.
Por lo menos sufriría por alguna razón.
Por la calle gritaría
¡soy un huevón!

Estoy mal.
Infinitamente mal.
¿Y por qué?
Es un misterio fatal.

Estoy mal.
Infinitamente mal.
¿Y por qué?
Es un misterio fatal.


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Para la Naty, quien pidió posteara; Una canción para la ocasión

De un momento a otro escribo divagaciones...



Valparaíso



Hace algunos años, mientras leía, una certeza se apoderó de mis entrañas, tendría tres hijos; Alejandro, Sofía y Lucas.

Hace algunos días, mientras caminaba por las calles de Valparaíso, entre esas calles agitadas, veredas angostas y laberintos confusos y sosegados; Con esa arquitectura hermosamente caótica y bellamente armoniosa, donde conviven a pasos la elegancia con lo guachaca o la mezcla de ambas, donde el mar se ve desde lejos; Con cerros como decoración del cielo, con casas y edificios que parecen sostenerse por arte de magia… Donde el arte callejero abunda y las almas de los poetas rondan… Me asaltó el mismo tipo de certeza premonitoria: Voy a vivir en Valparaíso.






El hogar

Sara creció en el campo, rodeada de mujeres, de afecto. Emigro a Santiago para estudiar, pero era esa una época de rebeliones, de sueños y luchas, esa época de inicio de los 70’. Se encontró con un sueño, con una lucha y con un amor, un personaje de esos idílico y poético, pero tenía un gran defecto, no le cabía en el cuerpo el concepto de la fidelidad; Se lo advirtió y ella quizá hasta lo acepto.

Pero luego en el país la idea, o mejor dicho el sueño, de que por primera vez los pobres ya no ocuparan ese puesto tan ingrato, se cayó a fuerza de armas. Quienes luchaban por ese sueño debieron esconderse. Ellos, Sara y su novio, también se escondieron, juntos. Pero un día cuando Sara volvía a su casa lo sorprendió con una “amiga” en su cama; Cerró la puerta y se fue, tomo el tren y volvió al campo, a su casa, donde su madre, su abuela y sus tías la rodearon de cariño, confort. Volvió al hogar.

Este es un personaje de “Nosotras que nos queremos tanto”, de Marcela Serrano.

Me hace pensar en que al final, muchos de nosotros lo que conservamos, al menos en la juventud y la vida adulta, es el hogar materno, ese que nos vio crecer, que nos protegió, porque a pesar de cualquier empresa que se emprenda, sea académica, política, laboral, romántica o la que sea, siempre, en muchas vidas, existe la posibilidad de volver al hogar…

Y eso por ahora me hace sentir agradecida.

La casualidad

“Hace 7 años se produjo casualmente, en el hospital de la ciudad de Teresa un complicado caso de enfermedad cerebral, a causa de la cual llamaron a urgencia a consulta al director del hospital de Tomás. Pero el director tenia casualmente una ciática y no podía moverse y en su lugar envío a Tomás a aquel hospital local. En la ciudad había 5 hoteles, pero Tomás fue a parar casualmente justo a aquel en el que trabajaba Teresa. Casualmente le sobró un poco de tiempo para ir al restaurante antes de la salida de su tren. Teresa casualmente estaba de servicio y casualmente atendió la mesa de Tomás. Hizo falta que se produjeran 6 casualidades para empujar a Tomás hacia Teresa, como si el mismo no tuviera ganas. “

“Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje… sólo la casualidad nos habla.”

“... No es la necesidad sino la casualidad la que está llena de encantos. Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento…”

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Frag. “La insoportable levedad del ser”

-Milan Kundera

...endurecerse


"Hay que endurecerse sin perder jamás la ternura."

-Che Guevara



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¿Y qué cuentas mujer?


No mucho

Que aún no lloro…

¡Pucha! Debería llorar

Pero no me sale…

Y en la búsqueda del llanto

me sale lo racional

y recuerdo las etapas hacia la aceptación,

y pienso que estoy en la negación

y que me quedan cuatro,

y no avanzo,

me paralizo y me da como pena…

pero no me sale el llanto.


Pero no te martirices, debes llorar sí, pero en algún momento saldrá…


Sí, supongo.

Pero me da susto secarme.

Endurecerme, perder la ternura…

…La capacidad de sentir.


Desde un andén a otro:

K: Se te paso el tren (con burla)
C: Es la historia de mi vida galla... (con sobreactuada resignación y algo de picardía)
K: Jajajajaja...

29 de Marzo
Día del joven combatiente.

Run-Run se fue pa´l Norte





"...Run-Run se fue pa´l Norte
qué le vamos a hacer,
así es la vida entonces,
espinas de Israel,
amor crucificado,
corona del desdén,
los clavos del martirio,
el vinagre y la hiel,
ay ay ay de mí."

-Violeta Parra
...
Hay un tractor en mi corazón
y un vacío en mi estómago.

De chica
siempre me gustaron los personajes fuertes,
los esforzados y valientes,
esos seres luchadores
que a pesar de los golpes de la vida
seguían adelante,
seguían,
por pura determinación,
por fidelidad a sus sueños,
por ideología,
por amor
o tozudez,
seguían,
luchaban…
yo los identificaba en las películas,
en los dibujos animados,
en los cuentos o novelas
y los admiraba;
así me imaginaba,
no linda ni rompe corazones,
me imagina fuerte y luchadora,
así quería ser de grande,
así quería ser de niña,
así quería ser,
así quiero ser…

Las vacaciones donde mi abuela.

Con mi hermana nos parecemos mucho, siempre ha sido así, me pase mí primera infancia siendo confundida con ella, o escuchando la interrogante de si éramos mellizas, como si los diez centímetros que me llevaba, no fueran evidencia de la diferencia de edad.

Recuerdo que cuando chica, en mis primeras vacaciones de verano de la escuela, fuimos donde mi abuela paterna, a la Ligua, en el campo. Mi padre salió un hijo ingrato y guaso, así que se pasó años sin visitar a su madre y cuando lo hizo, ya con familia, sólo llevo a mi hermana, que en esos tiempo era una guagua. No tengo claro el porqué de su decisión de ir sin mi madre, quizá por pura tacañería, miedo o porque simplemente no se le ocurrió llevarla.

El asunto es que cuando fuimos todos, los cuatro, yo tenía seis años, tres menos que mi hermana, era pequeña, algo rechoncha, extremadamente morena y con el pelo crespo y azabache; parecía brasileña. Mi abuela, una viejita, de menos de metro y medio, encorvada, arrugada y extremadamente flaca, tenía aspecto de debilucha y desarreglada; cuando me vio me abrazó y me apretó los cachetes -operación que la gente solía hacer- exclamó que era igual a mi padre y luego reparó en mi pelo, que al parecer la hipnotizó porque jugo largamente con el, le caí en gracia altiro.

No sé bien porqué, pero mi abuela tenía metido en la cabeza que mi padre había conocido a mi madre en un burdel; Y que en una de esas visitas, en las que mi padre al parecer pagaba por placer, se prendió de mi madre, sabe quién porque maleficio, y le ofreció una vida “decorosa”; Y que mi madre había accedido agradecida y contenta, ya que estaba en cinta y se sabía con poco tiempo para seguir con su oficio. Es decir, mi “torpe” padre la había hecho de santo y le había caído del cielo a mi madre, y ella encarnaba al peor prototipo de las posibles nueras.

Yo medio escuché la historia entre conversaciones de adultos, como tenía seis años y mi mente divagaba aún más que ahora, aunque con mucha más ligereza, la historia me pareció entretenida y hasta digna de llevar a la pantalla grande. Claro a mi madre no le caía en gracia el rumor; A ella siempre le ha importado cómo la ven los demás, hasta los extraños, y no le vio lo anecdótico a ser el posible tema de conversación y enjuiciamiento de la gente de ese lugar. Así que le tomó cierto recelo a mi abuela y evitó estar cerca de ella.

Por mi parte yo recuerdo con cariño las vacaciones donde mi abuela; estaban mis primos, la Dani y el Pipe, hijos de mi tía “Yola”, una de las pocas hijas que mantenía contacto con su madre y vivía cerca de ella. Jugaba con ellos, aunque más con mi primo, porque yo era más de jugar a ser “exploradora” o “detective” y andar revolviéndome en la tierra, que andar con muñecas o peinándome.

Pero también recuerdo que escuchaba harto a mi abuela; yo imaginaba que de tanto estar sola, esa mujer almacenaba las conversaciones y después cuando se encontraba un receptor, las largaba todas “de un viaje”. Yo me prestaba a interpretar ese papel y hasta me agradaba. Me contaba su infancia y la de mi padre, su unión con mi abuelo, la convivencia de antaño, cómo era criar a un montón de hijos y lidiar con el trabajo en el campo, el laboral-remunerado y el doméstico; era un monologo casi eterno, que intercalaba con cariños u ofrecimiento de galletas y bebida que parecía ocultar para mi. Yo observaba a esa mujer con las manos pequeñas y algo deformes, con la piel muy morena, seca y arrugada, su piel parecía quebradiza y dejaba notar excesivamente las venas; manos trabajadoras, piel golpeada por el sol.

Tenía mala fama esa mujer, mi antecesora, de mal genio y amargada. Pero a mi me tocó ver otro hemisferio, uno más amable y hasta admirable; el de la abuela “comunicativa”, ágil y trabajadora, que me llenaba de palabras, cariños y comida.

Aunque aún no comprendo, cómo mi abuela no noto el gran parecido que tenemos con mi hermana y seguía afirmando que nuestro padre no era el mismo; ni tampoco entiendo cómo se encanto tanto con mi cabello, que es justamente el rasgo que más se nota heredé de mi madre, su “nuera sacada de un burdel”…

A Dios...

Suelo ser aquello que no soy, oler aquello que es inodoro, percibir aquello que no existe, amar lo que no veo. Soy un cúmulo de energía en el universo, no sé qué soy o cómo me formé, algo me dijeron los profesores, algo me contó mi madre, algo me contaron animas entre sueños, algo… ¿Tu qué dices? ¿Quién soy?

Alguna vez miraré este pasado con nostalgia, un golpe de la vida, un sentir ya pasado que me enseñó que es un deseo; una pasión, un golpe que me dejo el registro de aquello que cuando se tiene y pierde se desea con vehemencia, que la vida es un milagro, hay segundas oportunidades, lo perdido se recupera, llegan nuevas bendiciones, nuevos milagros y es ahí cuando nos damos cuenta de tu amor, de tu poder; que somos tu creación; hijos pequeños que luego de dar la lucha en este lugar, vamos a otro, un plano diferente, más cerca, más complicado quizá, más maravilloso…

Hoy es un día de espera y desastres, pero también es el día de esperanza, el día de agradecer y amar…

Padre te doy gracias por los milagros concedidos…

Amén

. · ’ ’ · . . · ’ ’ · . . · ’ ’ · . . · ’ ’ · . . · ’ ’ · . . · ’ ’ · .

Esta “carta a Dios” la escribí, supongo, cuando luego de una serie de sucesos algo desafortunados me salí de la U, en el 2005, cuando estudiaba castellano. Fue una época difícil, triste, estaba en el limbo, en ese paso entre renunciar y volver a adquirir el medio para realizar un sueño, una pasión… Fue duro ese tiempo -de estar en el limbo-, pero me entregue a Dios, con ese tipo de “Fe” irracional y amorfa que poseo; con ese tipo de certeza que no logro explicar y que sólo adquiero en ocasiones, ese tipo de certeza que me dice que al final sucederá lo mejor para todos.

Han pasado años desde entonces, supongo que en muchos aspectos he cambiado, mi religión inventada es aún más etérea y parezco llevar la vida de una forma más común… Pero aún creo que entre la espera y el desastre, puede y quizá deba, existir esperanza.

... y claro aún poseo esa "Fe amorfa"

Ligereza...

Escuché, en una película, que cuando Oscar Wilde iba a morir, en un hotelucho, miró las paredes y dijo: “o se va el papel mural o me voy yo”. Obviamente se fue él, (no de cuerpo claro) y él lo sabía.

Sentido del humor; humor negro, ligereza… Ligereza…

Quizá el ser serios esta sobreestimado, no digo que haya que ser irresponsables, pero no tomarse todo tan apecho… Supongo que lo ideal es buscar el equilibrio, como diría Buda, seguir el camino medio.

Lo triste es que a ratos olvido la ligereza o el camino medio, y es mi colon el que sufre (y a veces yo u otros)…

Ligereza…





“La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella”

-Oscar Wilde


A veces lo practico…

Poesía...


...quiero

ser
poesía...




Francesca Woodman

Cumpleaños 23

Cuando iba en octavo, fue mi época más creativa, quizá era la mezcla de antidepresivos con las pastillas para el colon… el asunto es que creaba historias o transformaba algunas de las historias escuchadas, que en cierta forma también es crear.

En esos tiempos la rutina académica era ir a sentarme a inventarle historias de amor a mis compañeras; donde sus príncipes azules eran personaje famosos como Justin Timberlake o Joey Fatone de los n’sync, Kevin Costner o Robbie Williams, aunque a él casi siempre me lo dejaba para mi y solía tener disfunción eréctil; claro yo era sexóloga y lo ayudaba…

Pero mi creatividad no paraba en inventar extrañas historias de amor algo tórridas, que en cierto grado demostraban mi salud mental, también leía manos, así que le inventaba el futuro a la gente, les contaba principalmente cuales serían sus trabajos de grande, si se casarían, cómo morirían y algún evento importante, cómo a que edad conocerían a su “amor eterno”, cuándo Dios les hablaría, cuándo serían abducido por los marcianos o les contaba un suceso parecido a Matrix; Lo curioso es que estaba obsesionada con los 23, todos los hechos importantes, en la vida de mis compañeros, que curiosamente hacían fila para que les leyera la mano, todos, incluyendo decesos, eran a los 23.

Con los años deje de inventarle historias a la gente y mucho menos romances, dado que me causaban cierto rechazo y una tendencia a la burla; así que aquel episodio de mi vida quedo en los recuerdos y en cierta forma mi capacidad creativa se enfocó hacia otras áreas, o quizá disminuyó, pero prefiero pensar lo primero.

Aunque me quedé con la idea que dada tanta obsesión, quizá los 23 si serían importantes, o algo importante pasaría durante aquel año, y pretendía recibir aquel año con toda la buena vibra posible, para que así ninguna de las tragedias que les relaté a alguno de mis compañeros se hiciera real en mí.

Pero como dice el viejo adagio “Uno propone y Dios dispone”; Justo unos meses antes de cumplir 23 años mi abuelo se enfermó, y aún contra toda idea mía que el hombre aquel era inmortal, terminó demostrándome lo contrario y falleció unas semana antes de mi cumpleaños.

Su deceso ha sido uno de los sucesos que más me ha removido el alma, y no es que yo tenga un tipo de idea “trágica” sobre la muerte, es sólo que además de la pena me causo un replanteamiento sobre mi forma de llevar la vida. Así que cómo supondrán no me quedaron ganas de celebrar el cambio de folio.

Pero como dice el viejo adagio “Uno propone y Dios dispone”; Fue un cumpleaños celebrado, tierna e inesperadamente celebrado; Primero en la universidad, donde mis compañeras improvisaron una celebración en los pastos a modo de fiesta sorpresa y luego en mi casa, donde mis amigas de la vida, me prepararon una once tipo cumpleaños, también sorpresa. Ambos hechos los recuerdo con cariño y ayudaron a superar en cierto grado, la crisis existencial que tenía.

Viviendo ya los 23, deje de tener esa extraña idea de que ese año sería importante o que algo importante ocurriría… A cualquier edad pasa algo importante. Pero mirando ya de mis 24 años, sospecho que esa extraña idea podría ser cierta…

...lo que no supo contestarse a sí mismo


"Lo malo de los reportajes es que uno tiene que contestarle en el momento a un periodista todo lo que no supo contestarse a sí mismo en toda la vida... Y encima pretenden que uno quede como inteligente..."

El dilema nace...

Mi hermana, cuando se embriaga y le da por hablar de mí, suele decir que yo siempre fui distinta, como entre admirándome y mirándome como bicho raro; Me torturó los primeros catorce años de mi vida por esa "anormalidad", pero aguante estoica, fiel a mi misma y gracias a esa tozudez he obtenido algunos buenos resultados... El dilema nace, cuándo no sé si estoy siendo fiel a mi misma, simplemente caprichosa, o dejando esa fidelidad de lado.