Buen abrazador y sorpresivamente tierno.
Conocedor de temas de tecnología y ciencias, computín (basto conocimiento que suele ser útil en esta época).
Arreglador de cosas: puede armar, desarmar y rearmar otra vez.
Suele llevar un bolsito con herramientas y cosas similares, por si acaso.
Colecciona linternas.
Buen cuidador de sus mascotas.
Generoso en muchos aspectos (algunos indecibles).
No soporta la sensación de las manos pegajosas; se las lava de inmediato.
Comedor de helado, preferentemente de vainilla.
Le gusta regalar cosas, es una de sus formas de mostrar cariño.
Es curioso cómo mi Arnold personal ha entrado y salido de mi vida a lo largo de los años, de las décadas. Esta vez se quedó como un interés romántico y luego volvió a irse. Releyendo este blog me acordé de este “10 cosas”, que nació porque en una película la protagonista hacía una lista así para que un pedacito de alguien que amó (y que ya no estaba) permaneciera en su memoria. No para retener, sino para darle valor a su paso.
Hago esto como “despedida” y también como un acto de valorar. A veces se cree que lo que termina no fue real, o que se imaginó. Y en este vínculo tan extraño y particular, donde alguien ha estado presente e “impresente” por tantos años, cuando por fin “está” y luego se va… me atrevo a decir que sí fue real, y lo valoré mucho; lo valoro, incluso ahora que ya no está. No es por anhelar algo que no es: es más bien honrar el cariño que hubo y el que sigue habiendo, transformado.